Siempre listos

https://youtu.be/PswaZOlvA9Qhttps://youtu.be/U4-CJpK25dk
Vernos sometidos a desastres naturales, más aún cuando en estas zonas ecuatoriales en donde no son comunes y en donde muy pocas veces nos hemos preparado para aquello; definitivamente se convierte en motivo de shock, parálisis de la gestión y lentitud en la toma de decisiones. Esta inanición de decisiones fue a la que nos enfrentamos el 16 de abril del 2016, cuando el terremoto de 7.8 grados en la escala de Richter golpeó la costa ecuatoriana destruyendo en gran parte ciudades como Pedernales, Jama, Canoa, Bahía de Caráquez y severas afectaciones a Manta, Portoviejo, cantones y parroquias rurales de las provincias de Esmeraldas y Manabí, además de pérdida de vidas humanas, los daños sufridos por la infraestructura y de servicios básicos.
Las unidades de la Infantería de Marina acantonadas en Guayaquil se encontraban durante la semana del 11 al 17 de abril del 2016 cumpliendo una operación CAM (Control de Área Marítima) que incluía actividades propias de las unidades élite de Infantería de Marina, adiestramiento y ejercicios en áreas específicas de la península de Santa Elena. Incluso dentro de este contingente se encontraba el personal de la Fuerza de Resistencia Naval realizando una acción cívica junto con el personal militar en las inmediaciones del área. El personal alistaba armamento y equipo para cumplir la segunda fase de las operaciones, cuando un fuerte sismo sacudió el campamento. La voz de alerta de mantener las posiciones en pocos minutos se vio diluida debido a que, a pesar de no existir alerta de tsunami, la iniciativa fue de dirigirse a una zona alta. En ruta a Cerro Alto, localidad cercana a Punta Barandúa, a lo largo, observábamos como se iluminaba la vía que une las poblaciones de San Pablo, San Vicente, Punta Blanca, Ballenita, Libertad y Santa Elena, debido al tránsito forzado por la evacuación de turistas y citadinos hacia zonas seguras. Los servicios básicos habían colapsado, no obstante, no teníamos idea del daño producido en otros sectores de la costa ecuatoriana. Cualquier idea o comentarios eran vagos, frente al “posible tsunami” que por el temor y las experiencias de Sumatra, Japón y Chile se gestaban en nuestras mentes. Había que esperar el amanecer para darnos cuenta de la real dimensión del daño causado por la madre naturaleza.

Inmediatamente se dispuso que mantengan comunicaciones, en lo posible, con sus seres queridos. Todas habían colapsado, apenas habían SMS (mensajes cortos de texto), lo que, de una u otra forma alivianaba la carga emocional del personal. El Comandante del BIMEDU mantuvo la posición en el destacamento de Barandúa. Como más antiguo, hizo mérito de lo que en buena lid se dice respecto del Comandante, que sería el último en abandonar el buque, y así fue. Mientras tanto yo como Comandante del BIMUIL, procedí a organizar y dar tareas al personal que se encontraba en la zona de Cerro Alto. La preocupación fue el agua, paralelamente el personal trataba de comunicarse con sus familias. Las comunicaciones seguían colapsadas, y al parecer no serían reparadas prontamente. Aproximadamente después de una hora y media de acontecido el terremoto, el destacamento de Barandúa tuvo un fugaz visitante, era el ministro de Defensa Patiño, que pedía un helicóptero. Desafortunadamente, el Helo Naval que sobrevolaba la zona estaba ya en Guayaquil desde horas de la tarde, lamentando, en esta ocasión, no poder cumplir con sus requerimientos.
Deja un comentario