
Muchos se preguntarán qué hago montado en una moto con rumbo desconocido hacia el sur del continente. Por qué después de treinta años uniformado (Colegio Militar, Escuela Naval y Armada del Ecuador) me he dejado el cabello largo y uno que otro pelo en mi quijada; pues bien. A veces las cosas a más de suceder por causas inentendibles las reacciones del ser humano son producto de una mezcla indisoluble entre el alter ego y el sin fin de experiencias a lo largo de la vida. Sigo avanzando sin entender en un viaje que lo planifiqué desde que tengo uso de razón pero que en el fondo jamás me hubiera imaginado hacerlo a mis 43 años, con una preparación holística y que cualquiera en mis zapatos se detendría en un periodo largo sabático y preferiría el cómodo ambiente de un hogar, vedado para un soldado entregado a su causa por completo. Y aquí estoy, con un traje de cordura y gore tex en una BMW GS 800 dual sport, adquirida hace más de 4 años con un crédito dado por el ISSFA y que hasta ahora lo sigo pagando.
Es cierto, fui también el oficial de marina que le escribió al ex presidente Correa conminándole a que pare de mentir y que sancione la corrupción, el mismo que pidió también en medio de una reunión en la Base Naval San Eduardo que declaren persona no grata al ex ministro de Defensa Ricardo Patiño. El mismito, ese fui yo, el que hasta ahora ha denunciado una decena de actos de corrupción y abuso de poder de Fuerzas Armadas, sin embargo, me fui cuestionando qué corona tengo yo para ser seducido y entrar en la contienda política cuando quienes hacen política ni siquiera saben lo que es política. De ninguna manera el hecho de haber denunciado a un ex Presidente corrupto y su círculo de poder me daba el aval para ser un buen político, quizá un buen ciudadano, pero no político. Creo que para ser político, de los buenos, se requiere de experiencia en la administración pública y una rigurosidad académica por excelencia. Ambos aspectos creo cumplirlos, pero en el fondo me falta algo y es el parangón que debo realizar desde mi punto de vista entre lo que es nuestra nación y el resto de los países en Sudamérica.
Estos dos años, prácticamente fuera de las Fuerzas Armadas me he dado cuenta de la valía que tienen tanto civiles y militares. Muchas cosas las daba por sentadas, además de que ser militar no daba la garantía de ser un ciudadano correcto y honesto a carta cabal, mucho viene del hogar y debía reencontrarme con esos principios y valores. La dicotomía del sacrificio de mi profesión como soldado y la comodidad de disponer de un sueldo fijo mes a mes, determinaban que mi brújula, ahora con el norte verdadero en la vida civil, deba apuntar a ese norte pero real. No es fácil cuando se ama la Institución armada y de la noche a la mañana todo cambia, lo que fue eterno se convierte en pasajero y efímero; y ahora más que recuerdos queda un soldado formado para enfrentar cualquier adversidad en los desafíos que se pongan en el camino.
No obstante, me hace falta algo, y ese algo es un período de transición de la vida de uniformado a la vida civil, y no lo que muchos piensan aprovechando lo que viví en medio de la coyuntura politíca. Reconocimientos, medallas o lisonjas? Para nada… eso no va conmigo así mucha gente piense lo contrario. Es más,bajo ningún punto de vista, mi etapa de transición empezó hace mucho tiempo, pues avizoraba que quienes comandan las tropas se iba a estrellar contra un gobierno dictatorial y nefasto como el de Rafael Correa sin capacidad de reacción y trémulos en medio de la ambivalencia de un poder desintitucionalizador pero a la vez que buscaba sus «mejores» cuadros en el almirantazgo y generalato para mantenerse en el poder. Y hoy afuera, puedo disponer de ese tiempo para darme cuenta como es el mundo que yo desde adentro en un cuartel militar lo consideraba imperfecto pero que no me afectaba en mayor grado; pero afuera veo que no sólo que es más imperfecto de lo que asumía sino que es terriblemente cambiante e inseguro; para lo cual una herramienta efectiva para poder entender este dilema es desafiarse a uno mismo y desprenderse de lo sinuoso y adaptarse nuevamente a lo básico y elemental, a aprender a respirar. He hecho triatlón de larga distancia aferrándome a la disciplina del deporte, he escrito un par de libros y he estudiado unas tres maestrías. Puedo decirles en honor a la verdad que todo lo que he hecho ha sido para formar mi carácter y quizá disponer de algo de preparación a futuro; empero me di cuenta de que nada sirve si no se lo aplica y “devenga”, y sino se lo hace con un elevado sentido de legado y de generosidad para enseñar a los demás con ejemplo. Gracias a Dios dentro de la Armada pude aplicar cada uno de los cursos en los que me perfeccioné en especial los de fuerzas especiales y de combate. Ha sido un camino largo pero gratificante. Ahora comienza el verdadero desafío, y a mis 43 años lo es el de enrumbarme en el día a día de la vida civil. No creo que la solución a dar paso a esta transición sea presentar un currículo en empresa alguna o crear emprendimientos, el momento no es ahora, menos subirme a una plataforma política y vociferar promesas que quiere escuchar el pueblo; para nada, ese no es el camino. Cada uno de nosotros, tenemos facetas en la vida, un héroe dentro que espera desarrollarse de la manera más transparente posible. Es lo que busco, encontrar ese verdadero yo que puede aportar de mejor manera a mi familia, a mi sociedad y a mi patria de ser necesario; pero para encontrar este héroe se debe desafiar al destino, al miedo, buscar lo estable en medio de la inestabilidad, la luz en medio de la oscuridad, el calor en medio del frío. He escogido como herramienta principal en la búsqueda del héroe a mi moto, mi acompañante de dos ruedas a la que he bautizado de Minerva, pues con ella he montado mi estrategia para reencontrarme conmigo mismo, comenzar desde cero, empezando día a día, paso a paso, desde abajo, conociendo mis fortalezas y debilidades y no desde un cómodo escritorio con aire acondicionado y con la telefonía móvil a mis órdenes para llamar a los panas a que me den trabajo. Creo que el verdadero camino es conociendo el mundo, dejando la zona de confort y luchando nuevamente por ideales.
La pregunta del millón es quién financia mi viaje, pues les comento que me sobró algo de mi triste cesantía que mejor ni les digo después de tantos años de servicio el monto fue irrisorio. Lo que si les voy a comentar es que venderé stickers y camisetas para financiar aunque sea mi alimentación.
Serán 100 días de un periplo en el que somos solo Minerva y yo, en medio de un mundo desconocido, en donde debo rebobinar todo lo bueno y malo que ha pasado en mi vida y en donde al final del camino me encontraré conmigo mismo. Raro verdad? Si pues, completamente raro, pues lo normal y aparentemente correcto resulta ser el buscar la seguridad personal y familiar, el salir y retornar a casa sano y salvo, el tener un sueldo seguro o casi seguro para sobrevivir mes a mes, el tener un lugar donde pernoctar, estudiar, etc. Para mí la vida es entrega y aprendizaje, dar para recibir, por ello no dudé en señalar lo que estaba incorrecto dentro de Fuerzas Armadas y sobre todo arriesgar mi profesión en una decadencia de principios y valores militares nunca antes vista.
Que haya sido lo correcto lo que hice, pues no tengo la menor duda que fue así, lo que me queda en mente y aún en mi corazón es que si las generaciones venideras algún día logren darse cuenta de cuán bajo caímos y lo difícil que será recuperarnos.
#UnPatriotaUnaRuta
Replica a capitanortega Cancelar la respuesta