La Coyuntura… Una realidad que hace daño

Había pasado casi dos años después de haber obtenido el primer rango en la jerarquía militar. Éramos Alféreces sirviendo a nuestra noble Armada en los buques de guerra de la Escuadra Naval.

El Alférez de Fragata Francisco Torres era un excelente oficial, un año más antiguo que yo, sin embargo la amistad que habíamos fraguado en el equipo de pentatlón militar nos daba confianza mutua, sincera y leal para disfrutar de una sana fraternidad, tanto en las buenas como en las malas. No competíamos por nada más que no fuera en contra de nosotros mismos. Su capacidad para entender la realidad de la Escuela Naval, su acucioso liderazgo y su brillante inteligencia, le sirvieron para ostentar el honorable cargo de Brigadier Capitán. En los años de Guardiamarina que lo conocí, siempre se destacó en el deporte. Su ímpetu para aprender las tradiciones navales y estar a la cabeza en las instrucciones militares lo hizo muy popular dentro de la Brigada de Guardiamarinas, especialmente con los cursos menos antiguos. Era generoso en compartir sus experiencias. Trataba de que todos integren los equipos deportivos y en las salidas al terreno mostraba su don de mando en la conducción de las patrullas que el Instructor Militar organizaba.

Pancho, como todos lo conocían, siempre tuvo un espíritu rebelde y aventurero. A los tres meses, durante el Cuarto Año, fue relevado de Brigadier Capitán por no seguir las políticas que se profesaban en la Escuela Naval, a más de que, por su forma de ser, no siempre fue del agrado de los instructores y oficiales de planta.

–Luis, mi vida de servicio a la Patria comenzó desde que ingresé a esta Escuela. Vengo de un colegio civil, donde el desorden y la indisciplina era el pan de cada día. En efecto, aquí pude ver que la vida militar eran hermosa. Que todo el caos podía transformarse en un nuevo modo de vida, sino dogmático, práctico, objetivo y basado en principios militares. Ello no significa que no estuviera de acuerdo con los reglamentos vigentes; lo que te trato de decir es que éstos fueron creados por seres como nosotros, imperfectos, y que los hicieron con el único fin de guiarnos de mejor forma por el sendero de nuestra profesión. Si los instructores hubieran dado a conocer mi libreta de vida, los Guardiamarinas verían que tuvieron un Brigadier Capitán sencillo y lleno de errores. Cometí faltas disciplinarias invo- luntarias, como cualquiera. Imagínate si tuviera veinte en conducta, daría a entender que realmente no hice nada, que esperé que pase el tiempo y sobretodo que nunca arriesgué mi propia integridad en la consecución de mis objetivos. Sin embargo fue todo lo contrario.

Pancho, aprovechando que la mayoría de Guardiamarinas había pasado al descanso, decidió conversar conmigo más de lo habitual. Nos sentamos junto a la Glorieta. A lo lejos podíamos apreciar la gran cantidad de pueblos que formaban parte de la península de San- ta Elena, unos más luminosos que otros. La brisa salobre acariciaba nuestros rostros y el mar, testigo silencioso, nos hacía ver que estaba más vivo que nunca con su estrepitoso golpeteo contra las rocas.

–Luis, cuando fuimos aspirantes, ni siquiera reclutas, pude ver cómo mis compañeros se iban de baja, era el dolor que nos embargaba al resto de la promoción. Periostitis que les impedía cumplir con las horas de instrucción militar, algunos se iban desmotivados y desilusionados de la milicia, otros simplemente eran honestos consigo mismos y se retiraban por falta de vocación. ¿Qué te quiero decir con todo esto?, que cuando comienzas a luchar por algo, no es fácil, mucha gente que valoraste como amigos y buenos compañeros se van quedando en el camino. Todos, absolutamente todos, hemos sufrido este tipo de avatares. Cuando ha transcurrido el inexorable tiempo y te detienes a meditar, regresas tu mirada al pasado y ves a más de un centenar de aspirantes a Guardiamarinas, hoy tan sólo quedamos diecisiete. Muchos de ellos serán excelentes profesionales en la vida civil, útiles a la Patria desde otros campos, donde sientan que su servicio es pleno y que rinde frutos para ellos y sus familias.

La noche parecía que hubiera detenido su paso. Apenas escuchábamos el relevo de guardia de media noche a la altura del casino. Todo se tornaba más oscuro. Pancho proseguía: -Hoy, a casi tres meses de mi graduación, todo es nostalgia. Son sentimientos encontrados. A veces siento hasta rabia. Es normal quizá, pues soy un Guardiamarina que ha vivido en carne propia las injusticias del sistema. Mi querido amigo, nunca le he comentado a nadie lo que te voy a decir, pero tendré que priorizar nuevamente mi futuro. Soy aún muy joven y ya siento los tragos amargos dentro de esta profesión. Reniego tan sólo en pensar cómo será la vida de oficial si a estas alturas he sido testigo de ignominias.

Trataba de comprender a mi amigo más antiguo. Había logrado todo lo que cualquier Guardiamarina hubiera anhelado alcanzar en la Escuela Naval. Fue la primera antigüedad durante cuatro años y medio de estudios. Llegó a obtener el campeonato sudamericano de pentatlón militar. Estaba por recibir el premio al mejor espíritu naval militar y deportivo. Fue un compañero excepcional, excelente Brigadier y superior. Sin embargo, estaba confundido. Personalmente aspiraba que una vez graduado se logren refrescar sus ideales y se proyecte con el mismo ímpetu y dedicación como lo hizo en sus años de Guardiamarina.

Una vez obtenido el título de Alférez de Fragata, sus compañeros y él fueron destinados a los buques de la Escuadra Naval. Lo último que supe de mi Alférez Torres fue que se encontraba como el candidato más opcionado para obtener una beca de estudios en el

exterior. No había duda de su capacidad. Firmemente creía que él la alcanzaría. Para esa época cumplía el curso de ascenso en la Academia de Guerra Naval y pasábamos, prácticamente, desconectados del mundo exterior.

Meses después, de vacaciones en la Capital, tuve la oportunidad de hablar con su hermano. Era cadete de segundo año en la Escuela Militar y teníamos un poco de confianza, basada en el gran afecto que sentía por Pancho. Se lo notaba apurado y un poco nervioso, en medio de holas y chaos alcanzó a sacar un sobre de su bolsillo derecho diciéndome: -Luis, en estos meses han pasado tantas cosas. Todos en casa estamos perplejos por las últimas decisiones de mi hermano. Quizá fueron apresuradas y viscerales o quizá fueron meditadas y reflexionadas. Se fue, partió muy lejos, no quiso despedirse de nadie. La vida militar para él era todo, en toda la extensión de la palabra. Pero su corazón no soportó más agravios ni injusticias. Tú lo conociste, era quijotesco, idealista. Vivía soñando, su mundo era lleno de perfecciones y no cabían la maldad, la mentira, las coyunturas mal sanas, la competencia desleal. Partió y no sabemos dónde. Al final solo quiso que te entregue este sobre y que te diga que siente mucho por haberte defraudado, que cuando te miraba, veía en ti a un soldado que lucharía contra viento y marea por prepararse, por servir y por vislumbrar una Patria mejor. Mientras él, no pudo con el sistema.

Suspiramos, nuestros ojos estaban cargados de lágrimas, mas ninguna brotó. La herida fue nuestra alma, la de él por ver a un hermano partir y la mía por perder a uno de mis mejores amigos, ejemplo de lucha y de excelencia militar.

Su letra era casi ilegible, sin embargo, la conocía bien debido a las tablas que llenábamos juntos en los entrenamientos de pentatlón.

“Entrañable amigo, camarada y Oficial de Marina:

Muchas veces se torna insondable el método que la perversión corrupta puede aplicar para resquebrajar la moral de aquellos que en buena lid han tratado de superar su nivel de espejismo en la sociedad; y digo espejismo porque al tener títulos o cursos acreditados reflejan el status que la sociedad de hoy demanda. Y peor aún, la labor se vuelve más dura y casi imposible cuando el sistema se jerarquiza. Ahora la pregunta intrínseca es ¿cómo podía yo enfrentarlos?; muy fácil y complejo a la vez. Fácil, pues la mediocridad se asienta en aquellos cuyo aletargado paso por la vida los convierte en simples transeúntes conformistas que no requieren mayor esfuerzo que aquel de unirse al sistema que se les imprime y, complejo, porque tal vez unos pocos a costa de su misma imagen y reputación, arremeten con furia e impetuosidad insistiendo e insistiendo hasta “hartar” a los superiores. Es consabido que nunca ganarán, ya que no solo tendrán que fajarse en medio de los derechos amparados en leyes y reglamentos sino que tendrán que avocar al corazón ajeno y muy emocional de aquellos que llegan a depender de él en medio de una institución que requiere imparcialidad. Y eso es lo que sucedió cuando a lo largo de mis pocos años, en la carrera de las armas, la infamia, la mentira y la cobardía fueron los estandartes de aquellos que no les quedaba otra opción más que aferrarse a un sistema obsoleto y caduco: el de ellos mismos. Los apadrinamientos en mi competencia estuvieron a la orden del día; esta selección obviamente hecha por la mediocridad, hubiera sido injusta si cualquier oficial candidato no merecía ser seleccionado o peor aún cuando durante el proceso de selección se hubiere direccionado la beca. Para este caso las consecuencias hubieran sido fatales, especialmente por el grado de corrupción y por el daño moral que se hubiera hecho al resto de candidatos, en especial a aquellos que “sueñan” con representar al país en el extranjero. Pues bien, a pesar de haber demostrado en los aspectos físico, intelectual o militar, me satanizaron por mis errores en la Escuela Naval. No es posible que el área educativa comience a adolecer de estas falencias. Podemos notar cuan erróneo es el liderazgo que siguen algunos y que los únicos afectados resultamos los nobles y justos de causa. Nuevamente me atrevo a decir que aquellos oficiales que, limpiamente, en base a méritos y objetivos, logramos pertenecer a esta terna para su selección, lo hicimos para competir en buena lid, no para ser los títeres de los palancosos y el relleno de un grupo en el cual, previamente, ya hubo un favorito. Ese fue el lamentable desenlace, lo peor de todo es que nadie tomó acción al respecto. Estamos en la triste época en que, la gran mayoría, por no decir todas las instituciones, tienen su grado de falencia. Uno de las mayores motivaciones para ingresar a las Fuerzas Armadas fue ese prestigio de que en su seno se profesaban y se practicaban principios, propio de instituciones fuertes en credibilidad y alto sentido del honor. De hecho, los mayores perjudicados han resultado ser quienes, en el inicio mismo de la carrera de las armas, han incluido, dentro de su vocación principios que, a la postre, se convirtieron en juicios de valor. Es lo que sucede cuando comenzamos a rodearnos de subordinados que, muy a parte de cumplir eficazmente sus labores, dan visos de ser “excesivamente leales”, pero de una manera muy sutil y atractiva para quien recibe la información; la que deja de ser objetiva por simple que parezca, pues, va llena de emociones, más el ingrediente principal de lo que se conoce con el nombre de chisme. Todo esto resulta peligrosísimo, especialmente, cuando de tomar decisiones se trata, no porque una elección significaría afectar al militar o grupo alguno, sino porque va en detrimento de la efectividad y objetividad de la Institución. Saldar cuentas o ser agradecido utilizando trasbordos o pases, becas o comisiones, puestos o comandos, en definitiva, resta la importancia a todo lo establecido, de tal manera que no admite errores, pues, aquellas coyunturas de mover hombres no idóneos o no aptos a sitios en momentos no acordes da como resultado la “alteración orgánica” del eje vital de una Institución; más aún para quienes, al ocupar cargos, comandos, obtengan becas y representen interna o externamente a la Institución, deberán ser aquellos que lo “merecen”, tomando en cuenta que el término merecer irá respaldado por una objetiva y rigurosa selección. En definitiva tendrá que ser sistematizada reduciendo al mínimo la injerencia de pasiones o apegos radicales al inextricable mundo de las emociones que impelen al ser humano a la toma de decisiones. Sin duda que, esta aspiración ideal de la que nunca más participaré logrará legalizar y restringir al mínimo que manos ajenas, pero poderosas, trastoquen cualquier proceso de selección; desde la más simple hasta la añorada calificación en la recta final de la carrera.

Luis, amigo mío. Considera que mis palabras son las finales. No soy desleal, estoy fuera de la Institución y simplemente quiero que sepas y hagas conocer el porqué renuncié a ese juramento tan sagrado. Las acabo de escribir con el corazón y sé que las sabrás entender.

Tu amigo siempre, Francisco”.

Parecía que Pancho hubiera experimentado una vida entera dentro de la Marina. Me había hecho ver que cada paso que dio lo sentió tan profundamente. Nunca superó el trauma de la degradación de Brigadier Capitán en la Escuela Naval. El nunca creyó que cuando se compite no siempre es sana la competencia. Las utopías, muchas veces, dejan de coexistir con la realidad. El puso lo mejor de sí, su libreta de Vida Naval era envidiable; mas, esto no bastó para ser seleccionado. Los desafectos con los oficiales que daban el informe de su gestión fue el detonante. Quienes lo evaluaban recibieron una carta en la que se indicaba “…inmadurez, falta de tacto con la tropa y problemas familiares…”. Con un plumazo fue, simplemente, sepultado. El resto ya no servía de nada. Pancho tuvo acceso al informe “confidencial” en donde se habían inventado; o mejor dicho, habían logrado plasmar, en un papel, todo lo que sus enemigos invisibles hubieran querido que fuera de él: que nunca triunfe. El estocazo final para Pancho fue cuando terminó de leer el informe desfavorable que su propio reparto hacía de él, tenía el pie de firma del Comandante y de su Estado Mayor. Cuántas interrogantes habrán intraquilizado su mente: ¿Y todo el esfuerzo?, ¿las horas extras entregadas?, ¿los patrullajes voluntarios?, ¿las guardias?, ¿sus cursos?, ¿su excelente re- lación, especialmente con sus menos antiguos debido a su ejemplar liderazgo?. Qué había pasado? Por qué lo llamaron a participar en la beca y evitar que sus “enemigos invisibles” acaben con su reputación a través de un informe: un documento que venía de su reparto, al que había dado sus mejores años de Alférez de Fragata. Por qué nadie se le acercó y le dijo que quizá su actuación no era la más adecuada para ciertos oficiales o quizá, que no debía poner énfasis en tal o cual trabajo, puesto que “invadía el territorio ajeno” que afectaba otros intereses.

Pancho se fue. En su corto tiempo, para quienes realmente lo conocimos, fue un ejemplo de lucha y tenacidad. Buscó siempre el elitismo militar en un mundo donde es más fácil no hacerlo. Se fue y quienes quedamos con su vivo ejemplo, ahora teníamos muchas interrogantes que responder, especialmente aquellas cuya verdad sería hallada en base a la propia experiencia. La Armada perdió a un joven valioso cuyo único error fue no comprender la realidad de la vida, alguien que no supo la verdadera diferencia entre el bien y el mal… o quizá sí.

4 responses to “HTF: ATENTADOS AL SISTEMA”

  1. Avatar de Ing. Santiago Endara
    Ing. Santiago Endara

    Estimado. Muy buen relato de una historia real, triste, emotiva… solo quería decir que Pancho entendió bien la virtud de comprender la vida real, no de Armada, pero si la de su vida misma. Creo que Pancho supo bien la diferencia del bien y del mal… una gran experiencia, que ahora le toca a usted sacar las lecciones aprendidas de dicha historia y compartirlas con todos aquellos que tengan la capacidad de entender y el deseo de aprender algo.

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  2. Avatar de Mayiya Obregón Murillo

    Estimado, buen relato, lo felicito por expresar sus ideas y sentimientos. Dios te bendiga, guíe y proteja.

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    1. Avatar de capitanortega

      Muchas gracias Mayiya

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  3. Avatar de magiceyeshop

    La subordinacion militar utilizada como instrumento para reprimir y hasta humillar, creo que sin romper una estructura de mando.. Ya comienza a transitar al filo de una nueva realidad .. Sustentada en la inteligencia de una generacion harta de tanta corrupcion moral que en la vida militar como en la civil repleta de injusticias, privilegios y mucha deshonestidad.. Donde triunfan quienes callan, aceptan, negocian con un sistema podrido que colapsara inevitablemente cuando mas Panchos, Edwins y miles de voces silenciosas den el grito que rompa con tradiciones corruptas y absurdas que pongan fin con una era mediocre y poco comedida con la exelencia.

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