
Lenin sigue el mal ejemplo de la China en desinformar
Sin haberme dejado convencer de los medios de los países de Occidente, por mi propia cuenta, me puse ha investigar cómo China manejó la información en lo que respecta a la evolución de la pandemia, desde diciembre a marzo de este año, en donde declararon públicamente haberla superado, cosa que deja más dudas e interrogantes que respuestas y cuyo manejo ha sido de lo más dictatorial e inhumano posible.
Todos conocemos las malas prácticas de la China en lo que respecta a la libertad de expresión que va desde los tiempos inmemoriales, desde la dinastía Ming hasta Mao, y ahora con Xi Jiping. Parecer ser, que la forma de acallar las voces de rebeldía y verdad y con el fin de perennizarse en el poder, esta clase de gobiernos recurre a las herramientas del miedo, la desinformación y las sanciones drásticas para todos aquellos que abren la boca diciendo más allá de lo que la ley divina del gobierno lo permitiría.
Y así ocurrió, con el médico que le dijo al mundo acerca de la existencia del virus y cómo combatirlo, no solo que el gobierno lo censuró sino que aparte de atentar contra su libertad fisica y de expresión, lo minó tanto que el mismo COVID-19 terminó arrebatándole la vida. Cifras dadas por entidades serias de Inglaterra, Estados Unidos y Alemania dan cuenta de que diariamente en la China morían un promedio de mil personas, lo que cambiaría drásticamente las cifras que fueron mostradas al mundo de un total de 3309 fallecidos.
Quería comenzar con este artículo refiriéndome a la China, pues a pesar de lo poderoso que pueda parecer un Estado y la aplicación de medidas drásticas para someter a la población, existen también países tercermundistas como Venezuela y Ecuador que no han dudado en desviar la atención de lo que realmente ocurre con la pandemia con otro tipo de información o en su defecto engañando descaradamente a la población.
El día de hoy la policía nacional reporta más de 300 levantamientos de cadáveres en lo que va del mes, cuando la cifra de los fallecidos por coronavirus se aproxima los 70. No solo que nos mienten descaradamente sino que las cifras de fallecidos no demuestran lo que viene sucediendo en hospitales y centros de salud. La pandemia para las autoridades ecuatorianas ha significado el inicio para contratos de emergencia salpicados de sobreprecios y corrupción por doquier.
Quisiera cerrar el artículo de hoy con un mensaje de esperanza y de unidad nacional, de hecho, siempre lo hago y lo seguiré haciendo, pero es mi deber señalar que sino actuamos con patriotismo y con amor a la patria, no solo que las víctimas mortales de la pandemia no tendrán una sepultura digna, sino que los familiares tendrían que lidiar con el dolor de tener sus cuerpos por dos o tres días más en sus hogares dada la demora y torpeza en los protocolos de inhumación; y como si esto fuera poco tendremos todos los ecuatorianos de bien, que batallar a diario con una pandemia peor que la misma del COVID-19: la corrupción e impunidad.

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