Me voy a arriesgar a contarles mi historia, una historia en donde pude darme cuenta de cómo este virus no solamente ha envuelto a cierto sector de la humanidad, sino al mundo entero. Decidí recorrer parte del país para transmitirles a ustedes cómo se encuentra ahora en estado de emergencia y corroborar de cerca las decisiones del gobierno en relación con sus habitantes. Por ello, esta historia tiene algunos matices de los cuales ustedes podrán sacar sus propias conclusiones. Los invito, pues, a que me acompañen tres días atrás, antes de que pudiera entrar, tras una cadena de peripecias, al Guayas. Fue difícil, pero no imposible.
Domingo, 15 de marzo de 2020:
Es notable la baja afluencia en el aeropuerto de Newark. A raíz de las nuevas medidas de los presidentes, los espacios aéreos están siendo cerrados. Con esta situación se complican ya los viajes, y el boleto para el miércoles tuve que cambiarlo para el domingo, porque hasta el día de mañana pueden entrar al Ecuador los ecuatorianos que viven en el país, y hasta el día de hoy pueden entrar extranjeros que no viven en el país.

Ya en Quito, la misión era llegar a como dé lugar al manso Guayas. Nos hicieron legalizar allí dos formatos: uno para el aislamiento voluntario, y otro para una especie de declaración sobre en dónde habíamos permanecido los últimos días. Creí que se lo iba a hacer vía una aplicación, pero me equivoqué.

Lunes, 16 de marzo de 2020:
Acabo de llegar de un viaje relámpago fuera del país y, en efecto, las autoridades han dispuesto que todos los que hemos ingresado entremos a cuarentena. Ahora la idea es volar a Guayaquil.
Está súper apagado. Parece domingo. El país prácticamente está paralizado. Las medidas del gobierno, de hecho, van a dar resultados positivos. Tenemos que controlar el virus y ese es nuestro objetivo, el objetivo de la gente de bien, de la gente de a pie: mantenernos en nuestros hogares. Pero quedémonos, quedémonos, compatriotas, en nuestros hogares. Hagámoslo por el bien de nuestros seres queridos, por el bien de nuestros compatriotas, por el bien de la humanidad. Y en cuanto al cerco epidemiológico, creo que este puede ser mejorado en tanto en cuanto tengamos una base de datos fidedigna de los grupos más afectados.
No tuve el transporte para movilizarme Quito-Guayaquil, así que Minerva es el mejor recurso.

Pero no toda la planificación se cumple. Lamentablemente mis luces fallaron y tenía que implementar urgente un sistema permitiera viajar en la noche. Para ello contacté a uno de los mejores mecánicos en estas motos, amigo mío y quien, de una u otra forma, logró implementar este sistema para poder viajar con seguridad. Es así que continuamos con el viaje para cumplir con la cuarentena y aislamiento voluntario.
Botada la ruta. Estoy a menos de una hora del inicio del toque de queda. Responsablemente decido trasladarme en moto. Debo cuidar la integridad de con quienes yo pueda interactuar para evitar cualquier propagación del virus, es decir, nadie -apenas con el señor de la gasolinera. Todos debemos contribuir con la normativa vigente, y que se ha incrementado para contrarrestar esta pandemia.
El aeropuerto y sus alrededores: totalmente vacío, abandonado. Esto es lo que ocurre a estas horas en la ruta.
Estamos llegando al lugar de destino. Me han invitado a pernoctar la noche de hoy. Por más que me insistieron que ingrese a la casa, no pude; pues, como ustedes saben, venía de un viaje largo y habría puesto en riesgo a sus habitantes.
Estamos ya a punto de ir a descansar. Ha sido un día bastante pesado, especialmente por todo lo que está viviendo nuestro país con el coronavirus. Ya son 111 contagiados.
Les deseo una feliz noche. Nos vemos mañana ya rumbo a mi cuarentena.

Así toca, sigo avanzando poco a poco. Uno de los pocos días que he visto que ni siquiera hay una nube en este cielo totalmente azul. Ojalá sea un vaticinio de mejores días para la humanidad, y que esta pandemia ya vaya cesando.
Son las nueve de la mañana. Espero llegar a la provincia de Guayas a las 14h00.
Siempre después de 100 o 200 km es bueno hacer una escala para tomar algo frío o caliente. Lo recomendable hoy con el coronavirus es tomar bebidas calientes cada cierto tiempo.

Recibí una llamada inesperada y me comentaron que el gobernador de la provincia del Guayas ha declarado toque de queda desde las 16h00. Era justo lo que me imaginaba: dentro de las prerrogativas que tienen los gobernadores, ellos pueden establecer, a modo de decreto ejecutivo, el toque de queda desde las 21h00 hasta las 05h00. Y con el nuevo decreto, me tocó acelerar.
La afectación tanto del turismo como de la cotidianidad de nuestros habitantes se ve ya materializada en el territorio. Esperemos superar pronto esta pandemia y que todo vuelva a la normalidad. Duele ver cómo pueblos y ciudades parecen pueblos y ciudades fantasmas. Lo único que podemos hacer es ser disciplinados y ser conscientes de que todo lo que hagamos hoy será lo que represente nuestro futuro, el mañana. Así que ánimo, no decaigamos, y hagamos lo que se puede desde nuestras casas, desde nuestros hogares. Para eso están las redes sociales: para sacar adelante cada uno de nuestros proyectos. Es hora de estar en familia, es hora de meditar, es hora de reflexionar y sobre todo de encontrarnos con nosotros mismos. Fuerza, ecuatorianos.

Siempre me he preguntado por qué esta vía nunca ha sido arreglada como corresponde. Alguna vez estuve averiguando y me decían que entre la prefectura se pasan la pelotita y que, al final de cuentas, nadie invierte lo que debe invertir. Deben haber intereses de por medio. Hubo un presidente que dijo que iba a construir la vía a Santo Domingo, pero no hay tal. La única vía alterna que conozco es por los Bancos la Unión, y es una vía muy parecida a esta.

Santo Domingo de los Tsáchilas. Se pudieran hacer maravillas acá porque es un paso obligado para propios y extraños. Une la provincia de Manabí a la provincia de Esmeraldas, por ello esta infraestructura debe mejorar. Siempre hay trancones vehiculares, derrumbes y la señalética es mala. La corrupción está por todos lados, y aquí se ve. Ahora mismo es el pan de cada día, y no creo que en pleno siglo XXI no hayan empresas constructoras que puedan solucionar el problema. Y la gente podrá decir que ya tenemos carreteras, pero les estoy demostrando una vez más qué tipo de carreteras son las que tenemos.
Tenemos que permanecer en nuestras casas. No tenemos otra opción. Vamos, Ecuador; vamos, Sudamérica; vamos; América; ¡vamos, mundo! Tenemos que superar esta crisis, unidos. Lo vamos a lograr.
Estamos en el Diablo de Tandapi. Ahora sorteamos estas rayas son peligrosísimas para los motorizados. Y encima, los vehículos van en contra. Circulan contenedores de 33 pies que van tocando la mano al conductor del otro vehículo. Es lo que hay y nadie reclama. La entrada a Santo Domingo es terrible.
Son las 14h00. Llegar a Guayaquil es cada vez más complicado. Pues se ha pinchado una llanta, está completamente remordida. El Creador me sigue poniendo pruebas.
Un paracaidista, empresario, aventurero y político me tendió su mano en la tarea. Este polifacético caballero fue quien me ayudó.

Cuando suceden estas cosas -y a veces de manera frecuente-, yo no le reniego a la vida. Simplemente aprendo, callo y vuelvo a aprender para seguir adelante. El día que tenía que avanzar hasta Guayaquil para cumplir con esta cuarentena, se presentaron más de dos eventualidades, que lo que han hecho es fortalecer mi carácter, fortalecer mi espíritu y ratificar a los verdaderos amigos.
Ahorita me paró un señor vigilante de la CTE y tuve que decirle que estoy yendo un poco rápido para llegar antes del toque de queda, por ende, me toca acelerar. Ojalá me dejen entrar al Guayas. Estamos aún en la provincia de Los Ríos, llegando a Babahoyo. De todas formas, voy a bordear Babahoyo, voy a bordear Yaguachi, y me iré por la vía Durán-Tambo.

He pasado cinco controles, y la caballerosidad siempre a flote por parte de los miembros de la CTE. Lo siento mucho, pero yo no tengo que decir nada en contrario.
Es muy cierto que hemos sido invitados a pasar un aislamiento voluntario y en cuarentena, pero hay pueblos que actúan como si no pasara nada. He visto un sinnúmero de grupos al margen de los decretos recientes. La verdad no entiendo si es nuestra conciencia o si es que nos falta coerción.
Hay cosas en la vida que tienen sabor a gloria, y hoy es un día de aquellos, en los cuales este esfuerzo ha valido la pena para reencontrarme con mis seres queridos, para encerrarme en la ciudad que tanto amo, que no me vio crecer, pero en la cual pude, como buen marino, ver el río Guayas, ver a todo este pueblo valiente que, hoy por hoy, lucha contra las inclemencias del coronavirus. Por eso tenemos que ser valientes, disciplinados y sobre todo solidarios.

Así está el manso Guayas. Así está nuestra gente. No hay nadie.
¡Vamos, vamos a ganar! Con ayuda de Dios, con nuestras responsabilidades.

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