Aquel sector de Yaguachi era increíblemente rico. Los campos de arroz y caña de azúcar que flanqueaban el camino eran una locura. Tal vistazo me instó a reflexionar en cómo nuestro país, en lo que respecta a agricultura, está súper quedado. He recorrido Uruguay y Paraguay, y todos los campos están ya automatizados. Y aquí seguimos atrasados un siglo por la corrupción. ¿De qué manera, pues, sobrevive el productor? Vendiendo a precio de gallina enferma sus productos porque al distribuidor, intermediario y exportador, no le interesa comprar a cuatro o cinco dólares la libra de arroz. Gracias a esta reducción de costos, el productor termina haciéndose cargo de sus propias haciendas, agravando aún más nuestra pobre competitivdad. Yo creo que por ahí es el problema: no hay una distribución equitativa de la riqueza, especialmente en lo que respecta al agro y a la ganadería. ¿Qué es lo que conviene? Que existan leyes que subsidien al agro; que subsidien a los ganaderos pequeños, a los agricultores pequeños; que se entregue plata y que ellos compren, no que les entreguen en vasijas los pesticidas, los herbicidas o las semillas de mala calidad. Porque eso es lo que hace el estado: sube al portal de compras, y quienes aplican para competir coimean y sobornan. Ya conocemos el círculo vicioso de la corrupción.

La comida en ruta es exquisita ...
Cecina o carne pre cocida al ambiente

Tras una serie de menudas localidades, el parque acuático Tres Postes y locales donde el arroz exhibía una variable en su precio por motivo de calidad y madurez, llegamos a Jujan, aunque no para degustar la fritada que hace del pobaldo un paso obligado. Continuamos, en cambio, con la ruta hasta Babahoyo. Allí fui testigo de sectores en los que la gente moraba en casas de caña, cuarteles policíacos sin la seguridad respectiva, puentes colgantes y baches que perfilaban el camino. Esta es una historia que parece no terminar, una que recae en los gobiernos seccionales. Por un lado el Babahoyo bonito, el que nos muestran en volantes; y por el otro, casas de caña, vías parchadísimas, cero señalética. Creí que eso quedaba para las fincas. En cualquier momento, Dios no quiera, podría armarse un atolladero.

A lo largo de la ruta pude disfrutar de los arrozales, las huertas de papaya, melón y cacao; los paisajes donde se ve la planicie y al fondo la cordillera, que son típicos en Ecuador, ya sea desde Puerto Inca para subir al Cajas, o desde la provincia de los Ríos para subir a Bolívar; de la cálida atención de los paseantes, y de unas costillas en un comedor manabita. La llovizna que de a poco se convertía en señal de que el cielo se caía, el friecito y las buenas tomas del dron, hicieron del viaje una experiencia más enriquecedora. A una velocidad adecuada, manejar bajo la lluvia con un poco de precaución me da gusto. Yo me siento seguro. 

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Junto con Minerva a recorrer el país
Montalvo desde el aire

Hemos decidido recorrer el país, una vez que termine la cuarentena… continuaremos llevando ese mensaje de esperanza a todos los rincones de la Patria.

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