Las noticias van y vienen, y hoy las cifras de los afectados del Coronavirus se han multiplicado exponencialmente. Desde el día uno he visto cómo esta pandemia ha atacado al mundo entero, llegando al punto que ni políticos ni científicos han sabido cómo enfrentarla.
Hasta la fecha, los datos oficiales en el Ecuador, dan cuenta de 1890 contagiados y 57 muertos aumentando en 67 las últimas 24 horas.
He observado con mis propios ojos cómo se ha estratificado la ayuda, si la hay, a los afectados por la pandemia, ya que sólo aquellos (contactos con el Estado o sector médico privado) y que logran acceder a cierta medicina que eventualmente pueda contribuir a la mejora de los pacientes, cosa que no es del todo cierta, están siendo recuperados.
El día de ayer logré llegar, a pesar del toque de queda, a la funeraria Alache, pues su propietario, días antes se había puesto a las órdenes para facilitar información del protocolo en el manejo de los fallecidos por el COVID-19.
Ya en la funeraria, pues la idea era que me facilite un féretro para una señora que se contactó conmigo en la mañana, no disponía de los recursos para dar una sepultura digna a su padre quien recientemente había fallecido, Alain, el propietario muy gentilmente me donó una caja casi terminada para que la señora se la lleve. Y así fue, mientras estábamos cargando la caja en mi camioneta, Alain recibió la llamada del Viceministro de Salud, Ernesto Carrasco, quien también acudía por ayuda. Qué ironía!, el Estado pidiendo ayuda a los privados, pues al ver cómo ha ido evolucionando la reacción de las autoridades ante el COVID – 19 se ha podido observar una falta total de liderazgo, de entrega, de conocimiento, de carácter y sobre todo de solidaridad y amor a los más necesitados.
A la par del apoyo a la señora, apareció otra familia a quienes también se les pudo proveer de otro cofre mortuorio, y con gusto puse a disposición el transporte.
Avanzamos hasta el Hospital Mariana de Jesús ubicado en Suburbio de la ciudad dejando la caja y “volando” hasta mi nuevo destino en la Ladrillera en las afueras de Guayaquil en el sector de Monte Sinaí.
Los pésames fueron justos y necesarios, pero lo digno, noble y solidario fue contribuir con este granito de arena a ambas familias.
Respecto al protocolo que deben seguir las familias para el acta de defunción y la cremación posterior del fallecido lo describiré en mi siguiente escrito.

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