Ilusos todos aquellos que no creyeron que el Foro de São Paulo y luego con la declaración de Puebla iba a tomar un giro profundo la “izquierda” en Latinoamérica.
Si nos damos cuenta patriotas estos grupos llegan al poder con fondos de las FARC, dinero blanqueado de empresarios truchos tipo Odebretch y para sostenerse hacen alianzas con los grupos delincuenciales de cada país.
Dado esto, no pueden contener la corrupción y la inseguridad, se gastan los recursos en populismo incluidas obras mal hechas, cooptan todos los poderes y comienzan a debilitarse perdiendo poder en las urnas.
Se confían en dejar, aquellos cuyos movimientos ganaron con fraude, a cuadros manipulables pero que mantendrán su misma línea y hegemonía, pero traidores siempre hay y no cumplieron al pie de la letra, a buena hora, la misión de diseminar el mal llamado “progresismo” con el socialismo del XXI, cosa que jamás funcionaría cuando dejan de pensar en el ser humano como tal sino que abrazan el poder para pocos con el único fin de perennizarse, y con el concepto claro que sin poder esta gente sería un lastre improductivo para la sociedad.
Al ser sus mecanismos de coerción el miedo y el odio recurren a sus otrora aliados pero que ahora se convierten en socios estratégicos que operan con dinero sucio pero a la vez con más dinero.
El resentido, corrupto e infame gobierno de Venezuela con el asesoramiento mediocre pero fatídico de Cuba no duda en echar esa mano para rescatar lo perdido por los gobiernos de Correa, Kirchner y Evo.
Al ser Chile una fórmula que ha funcionado de verdadero progresismo se aprovechan de que es el país más desigual en Latinoamérica pero el más desarrollado, cuestión que genera un estallido social. Los grupos que operan en territorio son gremios, masas sociales y movimientos de años, bien estructurados pero que no contaban que sus líderes eran fácilmente corrompibles y manipulables.
Patiño y Correa al igual que Maduro y Cabello son expertos en mover estas piezas en el tablero. Saben bien que dentro de la Fuerza Pública hay jefes militares y policiales que les deben favores y que tarde o temprano les pagarán, además como fortaleza tienen aún consejos electorales y tribunales de justicia cooptados, inundados de magistrados y jueces y de operadores chuecos que si llega a estallar la bomba social, la impunidad reinará para todas las hordas mercenarias del mal, muchas de ellas enviadas en la diáspora venezolana.
En fin ecuatorianos, no es complicado ya tener una adecuada apreciación de la situación. En octubre debíamos mantenernos críticos, atentos pero con la esperanza de que los gobiernos harían lo correcto y al margen de no caer en la tentación de ninguno de los grupos, pues la proteína de ellos es el fanatismo.
En el caso de Ecuador tuvimos mucha suerte, muchos consideran que el éxito de la campaña fue la de nuestros soldados y policías, quizás si, pues al no responder con municiones de guerra ni de combate urbano, ellos corrían la suerte de que un día más de violencia y consolidación de objetivos limitados por parte de los mercenarios el destino cambiaba de rumbo en el Ecuador; y en eso los analistas de inteligencia deben estar claros. Demasiado riesgoso para nuestros uniformados.
A mi modo de ver, lo que sucedió es que el mando total falló, en especial de quienes lideran el caos y la desestabilización democrática. Lo hacen a control remoto confiando en los líderes gremiales y de movimientos que han sobornado en territorio y eso no opera así.
Cualquier cruzada se la hace en territorio y a diferencia de Chile quiénes estuvieron al frente en Ecuador y Bolivia carecían de liderazgo y estaban muy mal abastecidos, además de que la Fuerza Pública iba confirmando la participación de autoridades seccionales en la cadena logística y comenzaron a caer de uno en uno lo que disminuyó sustancialmente el sostenimiento de las hordas.
La clave, de aquí en adelante, es cerrarles los suministros, bloquearles cuentas, seguirlos, trolearles, cerrarles páginas en redes sociales, generar confianza entre capitanes y mayores que son quienes comandan en territorio, generar civismo en la población, designar líderes barriales, de parte del Gobierno dedicarse a hacer bien las cosas, ojalá pueda y quiera, para que sea una virtud la confianza en las políticas de turno y que cualquier amenaza se disemine y se generen alerta tempranas.
Nuestros indígenas están mal liderados, hay que buscar cuadros en los mandos medios con los que se dialogue profundamente y se busque solución a sus petitorios, quienes están arriba de este movimiento han perdido credibilidad.
Dado esto patriotas, no queda otra alternativa que estar atentos, apoyar a la Fuerza Pública desde nuestras plataformas y hacer patria a nuestra manera concientizándonos que todo esto fue generado por el elevado nivel de corrupción, inseguridad y desigualdad que existe en nuestra sociedad sumado a la voraz pretensión de un enfermo mental.
Si la justicia y sus operadores junto a asambleístas sanos y patriotas que no hay casi nadie, recapacitaran, el destino de nuestra región cambiaría de a poco.
Chile está condenado por un gobierno insensible, una justicia al servicio de los delincuentes y empresarios que en décadas se olvidaron de la equidad social.
En Ecuador estamos a tiempo.
Pero es responsabilidad de todos!
Cap. Edwin Ortega S.
Edwin Ortega Sevilla

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