A diferencia de Argentina en el Ecuador aún tenemos algo que se llama presión social.

Si bien es cierto, el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social nació como un Poder en donde exista representatividad de quienes no tenían voz, pero desde su génesis fue creado para servir al totalitarismo de la revolución ciudadana.

Hicieron lo que les dio la gana, pusieron a dedo por más de una década a los funcionarios que debían edificar la lucha contra la corrupción, las injusticias y la impunidad, como la Fiscalía, la Contraloría, la Procuradoría, Superintendencias y jueces de la Corte Constitucional además de directivos de las máximas entidades de control y de la garantía jurídica del Estado.

Gracias a este infame estamento Correa destruyó la institucionalidad del Estado; sin embargo, cuando aceptamos en una consulta popular que los miembros del CPCCS debían ser elegidos a través del voto popular, caímos en la trampa, pues no nos dimos cuenta que aún tenemos a un Consejo Nacional Electoral secuestrado por las mafias del poder, por lo que intempestivamente y de la noche a la mañana, un cura delincuente con su séquito de mafiosos serviles asaltaron literalmente este Poder.

Para su mala suerte, su patrón está lejos y no disponían de todas las mañoserías y triquiñuelas para lograr sus fines perversos, y se equivocaron, hicieron lo que les dio la gana en un estadio político donde, más que ayer, hoy se reparten la torta a falta de la tiranía. Por ende, dejaron de ser intocables y su suerte estaba echada desde el principio.

Sin embargo, gracias a la presión popular el día de hoy han sido censurados y cesados de sus cargos cuatro de siete.

Que esto sea el inicio del fin del correato y que de una vez por todas comencemos el largo camino para recuperar no solo la gobernabilidad de este país sino su decencia.

El día de mañana nos sumaremos para que DESAPAREZCA este Poder que no sirve sino para coadyuvar a fortalecer a quien desde “arriba” pueda hacer lo que le da la gana, que en nuestros tiempos es sinónimo de corrupción, abuso de poder e impunidad.

Cap. Edwin Ortega S.

One response to “El comienzo del fin”

  1. Avatar de Rafael Cabello
    Rafael Cabello

    El CPCCS fue un invento de los revolucionarios del siglo XXI para, efectivamente, hacer Control social. Para disponer del aparato del estado y perseguir a los oponentes políticos, vía organismos de control. La peor lacra llegó a las Cortes, Consejo electoral, Contraloría, Procuraduría y Superintendencias. En la época más obscura de la vida republicana del Ecuador, todo fue velado. Todo se cubrió. Todo fue opaco. El único fin de ese CPCCS fue hacer control social, para asegurar la inmunidad e impunidad de ese nefasto gobierno, mediante la persecución y chantaje de los actores políticos y sociales del país.

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