Una vez que he decidido recorrer el país y todos aquellos lugares en que la presencia de ecuatorianos implica traslados para conocer su esencia, costumbres y anhelos; he podido darme cuenta que el “estado de propaganda” de la década pasada fue tal que la imagen de Rafael Correa y su gobierno lograron el objetivo: perennizar su “ideología” e interiorizar en sus seguidores la píldora de la gratitud.

No los culpo, más bien los entiendo considerando que Correa al haber manejado tantos recursos y por medio de su totalitarismo logró cooptar y alienar mentes de millones de ecuatorianos. No obstante, permítanme decirles que conforme pasa el tiempo el efecto de esa píldora va a ir desapareciendo, primero, por su esencia genérica y; segundo, gracias a que el ser humano por ósmosis, quiera o no quiera va despertando.

Obras hubieron sin lugar a dudas, es el deber de todo gobierno. Hubiera sido el colmo que los revolucionarios no aprovecharan tantos recursos para beneficiarse ellos y luego el pueblo, parte del pueblo, pero también hubo corrupción e impunidad de manera exponencial y ustedes lo saben.

Sin ahondar ecuatorianos seguidores de Rafael, es momento de sellar el pasado. Correa ya tuvo su oportunidad, para ustedes, él hizo bien las cosas, para mí NO. De ahí que la nueva generación de políticos tendrá como tarea, entender el pasado con sus actores y variables, para lograr armar un futuro en el que el Ecuador encuentre su rumbo, el rumbo verdadero al empleo, a la educación, a la seguridad, a la productividad y sobre todo al bienestar general que tanto anhelamos como ecuatorianos.

Créanme correístas… los entiendo.

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