Las recetas a pedir de boca, la del arroz verde como las langostas en Ginebra, los títulos falsos, la demencia sino senil auto provocada de un ex Presidente, creo que son dos o tres más también, sumado a la incapacidad del actual gobierno para enfrentar algunas aristas que han delineado al Estado Ecuatoriano definen el escenario dantesco de la política ecuatoriana. A falta de cumplir con las promesas de campaña, Moreno ha caído en la trampa correísta, aquella que se matiza en la infamia, descrédito, desprestigio y calumnias. Sin más, ha perdido inclusive el margen de maniobra y la capacidad de reacción, frente a un monstruo que se alimenta justamente de ello, de todo lo que implica bajeza moral y atentados contra la ética. Ina papers no es más que el fatal desenlace de haber sido parte del equipo, y no como cualquier miembro, sino como el binomio que llegó a la presidencia y que ocupó la segunda magistratura por seis años. El presidente Moreno debe cambiar de estrategia. He visto con buenos ojos como en los últimos días sus asesores han pedido a la Fiscalía para que investiguen algunas de sus cuentas bancarias, pero sumado a esto debe permitir que la justicia haga su trabajo y no seguir la estrategia que su ex co ideario maneja en contra de él. Es falso que el correísmo se mantiene tan fuerte como antes, de ninguna manera. Fortaleza quizá, pero desde el lenguaje que maneja la mafia y la delincuencia organizada, en que, sea o no con fraude y estratagemas delictivas llegan al poder. Tener uno que otro prefecto y concejal no le da la talla a un otrora movimiento abrasador de masas, para auto definirse como fuerza politica. Ya no viene al caso delimitar su accionar, no obstante, su eje descompuesto y podrido en el que todos, absolutamente todos sus funcionarios giraban; con su “clave del éxito” dándoles resultados astronómicos: setenta mil millones de dólares que sabrá Dios donde están, la clave: “hacer obras, mega obras e inventarse requerimientos” con contratistas amigos y amigos de los amigos, aquellos empresarios que estuvieron dispuestos a todo, con tal de aprovecharse de la acefalía moral y enclenque institucionalidad que mayormente padecieron las entidades del Estado en plena tiranía.

Hoy estamos, nos guste o no, frente a un gobierno de transición, de tanta transición que no tiene identidad, ni estructura. Está conformado de un circulo íntimo de amigos, y éstos son los que han mal asesorado a Moreno incitándolo a que siga repartiendo la torta a los grupos del poder, con el único fin de permitirle disponer de una escuálida dosis de gobernabilidad. Un gobierno que se ha hecho cargo de la carroña moral del correísmo, que ha heredado instituciones con mandos medios que se venden al mejor postor y que con Rafael Correa aprendieron el teje y maneje de la concusión, coima, cohecho, enriquecimiento ilícito y colusión, pecados capitales de la burocracia y de los empresarios que dejaron de lado el concepto de economía como la ciencia que estudia la gestión eficaz de los escasos recursos y que a cambio se dedicaron a llenar sus bolsillos y de sus afines.

Cero propuestas, miles de maniobras desgastantes para apagar incendios es la característica principal de este gobierno. Hemos tocado fondo, a tal punto que vemos a diario asambleístas que otrora flameaban la bandera de Alianza País correísta y hoy flamean la misma pero del lado morenista. Se acabaron los principios si alguna vez los hubieron y lo más grave de esto, que el papel de jueces y fiscales ha pasado a formar parte de la prensa, ética o no; y de la ciudadanía de a pie, quienes han atiborrado las redes sociales de denuncias de todo tipo. Es la nueva forma de democratizar la justicia y la fiscalización, las que nos son negadas a diario por los órganos competentes.

Finalmente, y lo más patético de todo es que los auto denominados “líderes políticos” han desparecido, se dedican a vivir de sus glorias pasadas o guardan silencio antes casos tan repugnantes como el financiamiento de las campañas de Alianza País con recursos de la corruptora Odebretch. Este silencio demuestra que para estos cuadros el entorno que atenta contra la gobernabilidad y democracia pasa a segundo plano y que lo más importante hoy por hoy es cooptar las instituciones para llegar al poder o mantenerse con él a como de lugar. Se escucha en los ciudadanos que respaldan a estos seudo líderes, que prefieren darles su apoyo con el fin de quitar el poder absoluto que hasta hace poco estaba en manos de Correa. Qué absurda posición, que falaz y mediocre que se ha tornado el criterio de aquellos que precisan estar preocupados de lo que ocurre en nuestro país. No se dan cuenta que, mientras ellos luchan por sus caudillos de pies de barro, las instituciones se desintegran, y aquellos cuadros van llenando sus bolsillos a costa del engaño popular, Ojalá puedan abrir los ojos, y antes de pensar en salvadores, logremos conceptualizar las necesidades del pueblo y comenzar a definir que la única salida es limpiar con mano dura; primero, la corrupción de los de cuello blanco, y segundo, fomentando una campaña masiva de valores éticos y morales en donde la mayor fortaleza será el elemento sancionador y ejemplarizador para que nunca más se toquen las arcas del Estado.

Las propuestas vendrán, la juventud denominada “milenials” deberá encender sus alertas y educarse a la brevedad posible, pues ellos serán los que enfrenten, bajo la luz de la actual generación, la debacle en que los grupos de poder y mal llamados políticos han sumido a nuestro país.

Presidente Moreno, métale ñeque! Ya se acaba su martirio y el de nosotros. Como usted dijo en alguna de sus charlas cuánticas: “… no veo el día de irme a la casa”.

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