El ironman es un deporte que fácilmente puede llegar a nuestras vidas por el marketing o porque de alguna u otra forma alguien de nuestro círculo de amigos ha participado en alguno de los 76 eventos de este tipo que se realizan en el año a lo largo y ancho del planeta. En países como el nuestro se conoce más de su «hermano menor» que es el triatlón y en el cual se basó sus orígenes. Cuando comenzamos a incursionar en esta aventura, muchas interrogantes se vienen a nuestras cabezas y creo que la primera en común para todos los «curiosos» es si se podrá culminar con éxito la competencia. Digo con éxito porque para muchos de nosotros basta con ser finishers, pero, sin lugar a dudas, para otros esto se convierte en un ritual de vida y en donde cada año se busca mejorar los tiempos que como meta se hayan trazado.

En mi caso tuve la oportunidad de conocer de este deporte por valerosos amigos que se adelantaron en esta odisea: Juan Carlos Ibarra, Raúl Manotoa, Juan Barrionuevo, Rodmy Flores, Paul Corella y otros más. Cada uno de ellos tuvo su motivación en distinto grado. El promedio de inicio de los entrenamientos es de 32 años. Los de mayor edad pueden optar inclusive pasado los 40 años; todo depende de la carga de entrenamiento, una adecuada dieta y la meta que cada uno aspire alcanzar al cruzar la meta. No obstante, para muchos, es importante considerar haber hecho algún tipo de deporte en el que implique una carga importante de demanda aeróbica, es decir: trotes largos, inclusive con la participación en alguna maratón; o medios ironman que son conocidos como los 70.3 que no son otra cosa que la mitad de la distancia a la cual alcanza un IM completo.

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