Se unen a mi causa en la Universidad Andina

Medidas Cautelares CIDH

Mail a CIDH

El viaje a Washington y la sorpresa de la Armada

Se unen a mi causa en la Universidad Andina

 

EO: No puedo dejar de destacar la invalorable ayuda que recibí de Paulina Mosquera, prima mía en segundo grado y que en su momento demostró su apoyo incondicional a mi causa. Gracias a su coyuntura con la Universidad Andina Simón Bolívar, prestigioso centro educativo de altísimo nivel que a la vez estaba siendo observado, por no decir perseguido por el Gobierno, pude acceder a su más prolijo representante; y, quien por muchos años llevó la batuta del cambio y del crecimiento progresista de la Andina, el Dr. Enrique Ayala Mora, quien supo liderarla con honestidad hasta sus últimos días como rector. No fue coincidencia haber conocido a tan preclaro hombre de bien, intelectual e historiador. 

Desde que lo vi supe que aquella universidad no en vano había llegado al sitial en el que se encontraba. El cerebro y ejecutor, complementado por sus pasos y ejemplo de vida, definitivamente era Don Enrique. – Reciba un fuerte abrazo de mi parte capitán, la Patria necesita de soldados como usted – fue lo primero que me supo decir cuando nos conocimos.  Recuerdo que me hizo apagar el celular, señalando que el correísmo está en todas partes, más aún cerca de aquellos que nunca le tuvieron miedo y saben lo fácil que es  derrotarlo, sí, fácil!, pues son tan cobardes que lo único que les quedaba era abusar de todos los poderes que tienen a su alcance. 

Conocer la Universidad Andina Simón Bolívar, fue ser testigo de que las cosas con limitados aportes del Estado, pero bien administrados; y privados, se pueden hacer extremadamente bien. 

 

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Me honré en conocer a uno de sus más prestigiosos humanistas,  activista en derechos humanos y experto en derecho constitucional, el Dr. Ramiro Ávila quien junto al Dr. Ramiro García, que para aquellos días presidía el Colegio de Abogados de Pichincha, dilecto abogado luchador y litigante por excelencia, participaron en un connotado evento de reconocimiento a mi madre Rosa María Sevilla, en mi ausencia cuando cumplía el ilegítimo e ilegal arresto en la Base Naval San Eduardo. 

screenshot.pngEn una mesa redonda, en donde también participaría mi almirante Aland Molestina, estos prestigiosos ciudadanos con el aval de la Universidad Andina Simón Bolívar dieron testimonio, desde sus perspectivas del atropello del que fui víctima y que se iría convirtiendo de a poco en un caso de estudio y análisis en derechos humanos, derecho penal, constitucional, civil y legislación militar. 

De hecho, esta mesa redonda, sentaría las bases para que los abusos de poder del correísmo sean considerados como bandera de lucha para la resistencia, cuya plataforma serviría para proyectar a nuevas figuras de bien que buscaban días mejores para nuestro Ecuador.  

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Medidas Cautelares CIDH  

EO: No fue fácil acceder al sistema de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, pues del asesoramiento que había recibido por parte del Dr. Julio Rivadeneira y de la Dra. Galicia Rodríguez, lo primero que debía hacer es enviar un correo electrónico a la CIDH, mismo que nunca me respondieron. 

Ya en la CIDH, cuya cede en Washington es la misma de la OEA, Organización de Estados Americanos, en la 18th y la 79, me hice anunciar desde el lobby, no obstante, me dijeron que alguien me atendería en horas de la tarde. Un abogado italiano, muy joven, fue quien me recibió y dio oídos a mi petitorio, registrando en secretaría todos los documentos del proceso.

Allanar camino para que el poder arremeta con todos su andamiaje, cuando Ortega debió ser sancionado en la vía judicial. Los mandos nunca se dieron cuenta del plan del gobierno que era el de sistemáticamente penetrar en las prerrogativas militares y “dar órdenes” a fin de que a través de los mecanismos propios de la Fuerza se logren materializar los anhelos del gobierno totalitario.

Se nos llama fascistas o antipatías, cuando es pertinente citar el significado de la palabra fascista y que en más de una ocasión sus propios actos han envuelto el proceder del círculo cercano al ex presidente Correa. 

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Mail a CIDH

EO: Previo a la presentación de medidas cautelares en la CIDH debía redactar con antelación un correo electrónico que determine el grado de urgencia que tenía, previo a la ejecución de mi arresto, para obtener dichas medidas una vez que en el país me fueron negadas. Hacer un pequeño resumen de todo lo que me había acontecido aquellos meses no fue  fácil, más aún, lograr condensar más de ochos meses de lucha desigual ante un Estado que empleó a mi propia Fuerza más la justicia común a través de fiscales parcializados y jueces corruptos para perseguirme sin tregua.

Señores CIDH.- 

Mi nombre es Edwin Luis Ortega Sevilla, soy ecuatoriano de 41 años de edad y oficial de marina en servicio activo en el grado de capitán de corbeta infante de marina, padre de tres niños de 14, 11 y 8 años de edad. 

Con el fin de adelantar en algo todo lo que conlleva mi caso, voy a precisar en algunos detalles a fin de que se observe mi URGENCIA en presentar mi solicitud de medidas cautelares, en vista de que una vez agotadas las instancias en mi país (ECUADOR), de ejecutarse la sanción mi carrera militar se vería truncada. 

1. Ante la inconformidad que provocaron los anuncios de que una reforma a la Seguridad Social militar reduciría las pensiones de los militares retirados, el Gobierno Ecuatoriano respondió con una operación de mailing: un correo electrónico enviado a las direcciones personales de los militares en donde explicaba su punto de vista sobre el tema. La carta no contenía nada nuevo con relación a las declaraciones públicas del Presidente, pero lo que llamó la atención fue la forma en la que se entregó el mensaje. No era sin embargo, la primera vez que lo hacía: el 5 de febrero ya había enviado una carta a los correos de los militares con su posición sobre el caso de los terrenos del parque Samanes.  

2. Lo que parecía una más de las consabidas operaciones de difusión de mensajes por medio de correos y cartas que el Presidente había hecho en otros temas, se convirtió en el germen de un nuevo enfrentamiento con nosotros los militares. 

3. Varios de los receptores, en especial, oficiales de la Armada del Ecuador de servicio en Quito, Guayaquil y Esmeraldas, respondimos al Presidente el correo recibido, lo que provocó que el mandatario exigiera mi inmediata salida de la Marina de Guerra pues argumentaba que yo instaba a que «no mienta». Por tanto, me convertí en el blanco de la ira presidencial. El mandatario, incluso, exigió al Comandante General de Marina, vicealmirante Ángel Sarzosa, mi baja inmediata. Como se negó, y, en su lugar, envió su propia carta al Presidente, pidiéndole que rectificara sus dichos sobre los liceos navales, fue removido del cargo.  

4. La respuesta presidencial fue ésta: “Yo no voy a ponerme a discutir con mis subalternos. De eso se encargará el ministro de Defensa. Sin embargo, sí leí la carta. En general, cortés, pero ahí se le desliza un término inaceptable, y sí tiene terribles faltas de ortografía. Y sí un llamado de atención a ese nivel, ¿no? Si va a haber una expresión oficial, institucional de la Marina, que aunque sea cuiden la ortografía. ¡Pero me ratifico en todo lo que he dicho, además! Pero yo no me voy a poner a discutir con los subalternos. Eso lo hará el ministro de Defensa”. 

5. La polémica motivó la salida de Sarzosa, quien para junio fue relevado del mando de la Marina y pasado a retiro.  

6. Fiel a su forma de hacer política, el Presidente no dio su brazo a torcer. Y aunque el Comandante de Marina fue destituido, yo seguía en el servicio activo. De ahí que el Ministerio de Defensa solicitó consejos disciplinarios contra por lo menos seis marinos, entre ellos, mi persona.  

7. El presidente Correa, por medio de sus abogados, concurrió ante la justicia de la Provincia del Guayas con un amparo contra la resolución del consejo de disciplina de la Armada que me exculpó luego de supuestamente haberle faltado el respeto. El Presidente anticipó que los «soldados antipatria» deberán salir de las Fuerzas Armadas, mientras que mi abogado, Dr. Juan Vizueta, denunció que se  manipuló el sorteo de la causa para que cayera en manos de una jueza «golondrina», es decir, de una jueza encargada. La magistrada, entre tanto, resolvió suspender los efectos de la resolución del consejo de disciplina, y que se me haga un nuevo Consejo. 

“Los reglamentos militares no contemplan a una autoridad civil, no me incluyen. De acuerdo a estos señores no es un superior jerárquico el Presidente. Yo me voy a la casa antes de permitir esta sinvergüencería”, señalaría el mandatario.

8. Rompo el silencio

9. En entrevistas concedidas al diario El Universo y al portal Focus, me ratifiqué en que consideraba que no falté el respeto al Presidente de la República. «Con todo respeto, yo le pedí que se combata la corrupción porque sí hay corrupción en el país. Es evidente. Creo que no he hecho sino como ciudadano de bien, solicitar eso al señor presidente», le dije a Focus. Y agregué que «para nosotros hacer patria es desprendernos de nuestras comodidades, alejarnos de nuestras familias. No sé en qué sentido yo he sido un antipatriota, cuando tengo casi 20 años de carrera militar y a lo único que me he dedicado es a estar en repartos operativos y en cumplir con velar la integridad territorial y el mantenimiento de la soberanía nacional». 

10. Defendí a los integrantes del consejo de disciplina de la Armada en estos términos: «Son soldados dignos que si el señor Presidente no ha estado de acuerdo con ellos, no es la forma, de manera pública, ante todos los ecuatorianos, que se les denigre de esta forma. Porque no solamente son soldados, son padres, esposos, hermanos. No considero que sean juzgados de esa forma, más aún de quien tiene la primera investidura del país se venga de esa manera a tratar a mis compañeros de armas. Y al ser mis compañeros de armas, no tenía la menor duda que si era yo sancionado, aceptaba la sanción». 

11. Pero el tono de mis declaraciones a El Universo fue distinto. En ellas, yo manifiesto mi preocupación por mi familia y el futuro de mi carrera: «Soy creyente. He tenido situaciones de riesgo en mi carrera. Si estoy sano y mis hijos están bien, es a causa de un Ser Superior. ¿El Presidente en su sabatina me sentenció? No lo sé. Pero sé que la mayoría de lo que él dice en las sabatinas se cumple. Si mi carrera se ha terminado, sé que he cumplido mi deber. Solo quiero que se dé cuenta de que deja a tres niños sin el trabajo de su padre y que sepa que nunca arengué a las tropas en el audio y que jamás lo insulté en la carta». 

  12. Luego de todo lo señalado, un segundo consejo de disciplina me ha sancionado con 10 días de arresto de rigor, lo que definitivamente trunca mi proyecto de vida militar y mi carrera. Además han sido más de cuatro meses de linchamiento mediático, siendo sancionado dos veces por la misma causa sumado a la persecución de la cual estoy siendo objeto. 

13. Todo mi caso se encuentra en las redes sociales y en un sinnúmero de notas de prensa. A continuación todo el vía crucis que he sufrido en estos meses y que de no interponer las medidas cautelares, la tercera instancia me ratificaría con la sanción de 10 días de arresto de rigor por haber cometido falta atentatoria por haberle faltado supuestamente al respeto al Presidente de la República, cuando fue él quien puso toda la aplanadora estatal en mi contra.

De esta forma hice saber con antelación a la CIDH, en breve, todo lo relacionado a mi causa, no obstante; estaba consciente de lo largo que sería el trámite en las vías internacionales en materia de derechos humanos y que ofrecía la OEA, Organización de Estados Americanos, por lo que las medidas cautelares que estaba solicitando se ejecutarían después de un largo camino a recorrer.  

El viaje a Washington y la sorpresa de la Armada

Como era de esperarse, los almirantes siempre pendientes de mis pasos, Vallejo y Sánchez, comenzaron a cernir de llamadas telefónicas al Agregado Naval Adjunto de la Embajada del Ecuador en Washington. 

El comandante Ramiro Bucheli, en larga tertulia, me llamó por Facebook Messenger con el fin de darme la buena nueva, señalando que no sabía qué decir al Mando cuando le requería acerca de mi presencia; ya que cargué fotos en redes sociales de mi paso por la CIDH. 

– ¿Mi comandante cómo es eso que no sabe qué decir?. Solicito, usted es un hombre de valores así que lo que debe decir es que hablamos luego de que me he presentado uniformado en la CIDH, requiriendo medidas cautelares y dando a conocer al mundo el atropello que vengo sufriendo por parte del Estado Ecuatoriano -. No tenía porqué comentarle de mi presencia en Washington debido a que estaba haciendo uso legítimo de mis días de licencia, además no me encontraba en comisión de servicios de manera oficial.

 – Mi comandante conozco bien mis derechos, así que lo que los jefes militares que con vehemencia me persiguen y sancionan, deberán entender de una vez por todas, que me asisten derechos como todo ciudadano común y más aun como militar cuando es sabido que ustedes jamás respaldaron mi accionar ante la tiranía.

– Así es Edwin – dijo un tanto dubitativo mi comandante Bucheli; su trato conmigo desde hace más de dos décadas que lo conozco, fue cordial y creo que en algún momento se dio una breve amistad, sin embargo y como siempre, los intereses personales estaban por sobre todas las cosas. Lo único que supe de él, era que estuvo de edecán del presidente Correa y que luego pasaría a formar parte de la DIRNEA, Dirección Nacional de Espacios Acuáticos, como capitán de puerto en Salinas y Puerto Bolívar. 

Era obvio que a mi comandante le preocupaba mi situación, luego de una larga charla de casi una hora me terminaría dando la razón por la gran cantidad de contradicciones e injusticias; y sobre todo, del derrotismo que se vivía al momento dentro de las filas castrenses. En franca espera, finalmente le respondí que seguiría luchando hasta las últimas consecuencias y que no claudicaría, a pesar de los berrinches de oficiales entreguistas al poder político y civil. 

– Manténgame informado Edwin, le deseo la mejor de las suertes y siga adelante, informaré al Mando acerca de que hablé con usted pero luego de su trámite en CIDH. 

– Es lo que debe hacer señor, decir las cosas tal y como fueron, sin desvío ni un ápice de la realidad, el que nada debe nada teme. 

Mientras cerraba la comunicación con el comandante, me encontraba en ruta a New York, invitado por gente de bien, ecuatorianos que después de un largo sufrimiento encontraron su bastión de trabajo y lucha por mejores días en el país del Tío Sam. Juan Carlos Sandoval y Leoncio Quezada fueron mis anfitriones demostrándome que mi causa superó fronteras y que muchos compatriotas estaban a mi lado en esta lucha asimétrica y burda.

En efecto, a mi retorno al Ecuador, los almirantes Sánchez y Vallejo, mis verdugos, solicitaron se me sancione, hasta ahora no sé de qué, pero ellos adujeron que fue por no haberme presentado al Agregado Naval. Éste fue uno de los tantos absurdos de los esbirros cumplidores de la persecución en mi contra, ya no sabían ni el cómo ni el cuándo sancionarme. Estaban tan ofuscados que el debido proceso para ellos colindaba con la carroña que debía darse de alimento a las hienas.

Cumplí con mi objetivo, dar a conocer al mundo, de cómo se manejaba la justicia dentro de las filas militares en la revolución ciudadana, qué era considerado bueno y qué era malo, qué afectaba a los intereses del mando y qué no. Al final de cuentas, cumplí mi objetivo retornando sano y salvo a cumplir con el ilegal, ilegítimo e inconstitucional arresto en mi contra.

 

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