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Lograr entender el monumental trabajo que tienen, hoy por hoy, los administradores de justicia, ejemplifica la tarea titánica de Aníbal para llegar a Roma. Unos pocos valerosos deberán enfrentar a toda la vorágine correísta que sepultó el derecho, casi de por vida, en nuestros tiempos. Y es que hoy, en el auditorio de la Corte Provincial de Justicia del Guayas, los que alcanzaron el micrófono, daban cuenta de los abusos de #JalkhYsuCaterva. Se me quedaron grabadas dos frases que hoy las comparto:
“El derecho ha sido utilizado para perseguir y no para liberar” y “En nuestro país, a la justicia, hay que demostrarle que uno es inocente para que le quiten el grillete”.
Quizá, puedan ser eufemismos o analogías frente a lo que cada uno ha vivido o no en carne propia, pero no es menos cierto que los que estuvimos acompañando al Director Nacional de la Judicatura y en franca escucha de todos los que de una u otra manera se han sentido perseguidos o denegados el acceso a la justicia hasta el día de hoy, salimos absortos ante semejantes testimonios.
El hecho de haber sido parte de una estructura piramidal como es la Fuerza Naval, me da el aval para compartirles todo aquello que pude apreciar en el sentido, de que cuando se da una orden debe cumplirse, en la mayoría de casos, sin pedir mayor explicación del porqué del cumplimiento de la misma. Así sucede, cuando un superior pone la acción para su subalterno, sin más, deberán cumplirse las órdenes; ergo, cuando se tratan de temas legales en el nivel que fuese, la afectación es irreversible, sin contemplación si de un daño certero se tratase, refiriéndome en particular, el cómo se montaron los consejos de disciplina hace ya dos años, cuando una jueza constitucional consideró como medidas cautelares que se anulen los primeros consejos de disciplina y se monten segundos en detrimento del reo (los seis oficiales de marina) y a beneficio del ex presidente Rafael Correa Delgado. El derecho, justamente, si nos remontamos a los orígenes, fue creado para ello, entendiéndose por derecho al conjunto de normas de carácter general que se dictan para dirigir a la sociedad a fin de solventar cualquier conflicto de relevancia jurídica que se origine. Estas normas son impuestas de manera obligatoria y su incumplimiento puede acarrear una sanción. Al parecer, en nuestro país, y en referencia a aquel comentario, podríamos señalar que no estamos en estado de derecho, que se han violentado las normas básicas para que se apliquen en beneficio de quienes lo alcanzan. Los jefes militares y los operadores de justicia dentro de FF.AA. tienen distorsionado este concepto, supeditando una orden militar al hecho de administrar justicia o asesorar en materia de derecho a quien imparte justicia, que de manera ad hoc redunda en el superior.
Mientras tanto, vimos a más de uno, de quienes tomaron la palabra, con grillete en el tobillo. Muchos de ellos con lágrimas en los ojos y con un grito de impotencia, en acelerados cinco minutos, nos resumían su calvario.
Es urgente que los operadores de justicia hagan conciencia, que su paso por este mundo es para proveer y facilitar la impartición de justicia en un estado de derecho, en donde se garantice que de manera expedita, oportuna y honesta todos podamos acceder a la misma.
Felicito al Consejo Nacional de la Judicatura, a su Presidente, a sus Vocales y a su Director Nacional por esta tarea titánica que han emprendido. Ojalá, al menos, se logre dar lo que corresponde en derecho a quienes anhelamos ver una justicia despolitizada pero sobre todo libre de vicios, vicios mortales como el cáncer de la colusión, de la concusión, del cohecho o del prevaricato. Si está el sistema en metástasis, confiamos en que ustedes lograrán aplicar la mejor cura para, al menos, salvar las partes vitales de ese cuerpo. Su cabeza y su corazón.
Es hora, de que administradores, funcionarios, operadores, usuarios y profesionales del derecho hagamos conciencia de que la justicia es tarea de todos, y que en el menor tiempo posible, la venda de ecuanimidad y equilibro de lex hortensia sea una realidad y no un atuendo para llevarlo de adorno como escarapela en el pecho.

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