• Segundo Consejo de Disciplina
  • Experimento de rana
  • Brutal atropello al debido proceso
  • El secretario me mantiene informado
  • Pimentel cumplía una consigna
  • Conclusiones del Segundo Consejo de Disciplina

screenshot

EO: La Armada del Ecuador fiel cumplidora del  poder civil instaló a la brevedad posible el segundo consejo de disciplina; y, en oficio No. ARE-CPCB-IM-DEA-2016-006-O se adjuntó la resolución del segundo consejo de disciplina que en la ciudad de Guayaquil el 26 de septiembre del 2016, se instaló de forma inconstitucional y arbitraria para conocer, juzgar y sancionar el mismo hecho ya resuelto por el primer consejo de disciplina, violando principios legales como el Non bis in ídem -no dos veces por lo mismo-. Dicho Consejo presidido por el CPNV-CSM Carlos Eduardo Pimentel Cerna, admitió el proceso y, por mayoría de votos, decidieron aplicarme la sanción por ejercer mis derechos constitucionales estipulado en el artículo 70 literal a) del Reglamento Sustitutivo al Reglamento de Disciplina Militar, “una sanción de diez días de arresto de rigor, sin perjuicio de sus obligaciones militares […]”, pues, consideraron que mi conducta se adecuaba a lo estipulado en el artículo 36, literal b) del Reglamento Sustitutivo al Reglamento de Disciplina Militar: “(falta atentatoria).- Realizar actos de manifiesta violencia o indisciplina contra un superior siempre que el hecho no constituya delito […] 

screenshotLuego de esta resolución de diez días de arresto de rigor, se evidenció el fiel cumplimiento de la orden del Presidente dada en las sabatinas 490 y 491 a los medios de comunicación y ciudadanía en general mediante su constante, aplastante y sistemático linchamiento mediático. Muy tajantemente diría: “me juego la vida si no lo sacan» (sabatina No. 491, del 3 de septiembre del 2016). 

A pesar de lo mencionado continué con el procedimiento interno, junto a mi abogado defensor Dr. Juan Vizueta, presenté el reclamo en primera instancia a la sanción mencionada el sábado 1 de octubre del 2016. Por lo cual, el mismo Consejo de Disciplina designado ilegítimamente a pesar de todas las observaciones de rigor, mediante Orden de Comando No. 869 del 14 de septiembre del 2016 fungiendo las veces de Comandante de la Infantería de Marina el contralmirante Lenin Sánchez Miño. Los miembros designados fueron los siguientes oficiales: CPNV-CSM Carlos Eduardo Pimentel Cerna, quien lo presidió de manera ilegal, ilegítima y fraudulenta. Argumenté que fue en reiteradas ocasiones observado por mi abogado e inclusive por el mismo consejo de disciplina; CPFG-EM Diego Ricardo Garzón Ayala, CPFG-EMS Geovanny Kelierman Jaramillo Espinoza, CPFG-CSM Christian Giovanni Gómez Gaibor, CPCB-IM Milton Valentín Mendieta Flores y mi compañero y amigo de promoción CPCB-IM Diego Gonzalo Echeverría Armijos.  

Sin más, se confirmó la sanción impuesta, como era de esperarse, dentro del oficio No. ARE-CPCB-DEA-2016-007-O de fecha 5 de octubre del 2016. 

Continuando con el proceso administrativo, apelé a lo resuelto en la primera instancia, por lo tanto quien había conformado el Consejo, Lenin Sánchez Miño, debía ratificar o rechazar lo resulto por el consejo de disciplina presidido por Pimentel Cerna. Fui notificado con la inconstitucional e injurídica resolución que confirmaba la sanción. 

Éstas son las inconsistencias legales y jurídicas de las normas militares, pues es inaudito que la instancia para apelar una sanción sea quien mismo conforme el equipo colegiado para sancionar. 

Esta sanción no solamente que había puesto en riesgo mi carrera militar, aún con una excelente antigüedad  y una hoja de vida limpia lograron truncar mi futuro, debido a que ya no podría ascender al tener una falta atentatoria en el grado; sino mucho más que eso. Va más allá del capital humano invertido por defender a una Institución, pues estaría más que justificado cuando de honor se trata, porque del resto, la resistencia al poder fue en solitario y el saldo sólo será positivo cuando rescatemos nuestra dignidad de las fauces de la tiranía. 

Las afectaciones también fueron al derecho al buen nombre, la honra y dignidad; lo  que se vio fortalecido frente a mis compañeros y subordinados; pero a la vez desgastado, frente a mis superiores, muchos de ellos con temor a represalias si se unían a la causa, pues en la zona de confort de ellos ocupa un espacio considerable los anhelos de ser agregado militar y de llegar al almirantazgo.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Experimento de rana 

EO: El observar la ineptitud y falta de capacidad de nuestros jefes militares me ha avergonzado sobre manera. Los eventos internos siguen fluyendo como que nada ha pasado, bailamos, desfilamos, seguimos en los san viernes, etc. Claro, las tradiciones navales deben continuar y acaso no es parte de nuestra historia y de las tradiciones tener buques operativos, aviones volando, infantes de marina patrullando, submarinos navegando; etc. 

La revolución ciudadana, sin entrar en cuestiones mas profundas, mermó la moral de los miembros de FF.AA., paulatinamente a través de sus  políticas seudo revolucionarias y en donde un buen grupo del ex grupo AVC formó parte, encaminó a un ejército vencedor, a una FAE altiva y a una marina luchadora a un abismo de donde no habría regreso. 

Lo peor de todo es que no nos dimos cuenta hasta que ya fue tarde. Recuerdo que lo primero que hizo el gobierno de Correa en contra de FF.AA., fue cambiar la normativa y con el pretexto de que no puede haber división de clases o diferencias entre los oficiales y la tropa, emitió políticas que atentaron contra la moral de todos nosotros. Una cosa es estar afuera y vernos como un grupo que debemos someternos irrestrictamente al mandato; no obstante, más allá de estar subordinados al Ejecutivo, somos seres humanos sensibles y que reaccionamos civilizada y democráticamente ante las injusticias. 

No necesariamente debe haber un enemigo armado y equipado; basta con que enfrentemos a funcionarios corruptos que carecen de moral para darnos órdenes o peor aún para dividirnos con demagogia odiadora. 

Aquí quiero citar algo que en medio del incesante intercambio de opiniones en las redes sociales, apareció la primera semana de febrero del 2016, que con el permiso del anónimo transcribo lo que escribió acerca de Albert Camus en “La Peste”:

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

“Muchos jóvenes se preguntan cómo es posible que todo esto esté sucediendo en Ecuador, o por qué la gente no hace nada, si somos la mayoría. Con todo respeto, la lectura de este libro, puede explicar por qué no actuamos como deberíamos.

Los sucesos comienzan en una ciudad llamada Oran, en Argelia, cuando un joven doctor tropezó con una rata muerta en el descanso de su escalera. Como no había ratas en su casa, pensó que se trataba de una broma y lo único que hizo fue apartarla y notificarle al conserje. Al día siguiente, éste último fue quien le notificó al doctor que el bromista había dejado otras tres ratas muertas; pero, ambos siguieron su camino.

A partir de allí, el libro relata las distintas reacciones de los ciudadanos al ver los montones apilados de ratas muertas. Unos exclamaban:

– ‘A mi casa no han llegado’.

Otros decían:

– ‘Son cosas que pasan’.

Algunos se frotaban las manos alegremente afirmando que las ratas, finalmente, estaban saliendo de su escondite. Otros se marchaban sigilosamente, pero la mayoría – como en Ecuador – siguió con sus vidas inmersas en el día a día y viendo cómo crecían los montones de ratas. Nadie hizo mucho.

Las ratas desaparecieron como llegaron, de forma imprevista y la ciudad respiró, hasta que apareció el primer muerto; quien, para asombro del lector, fue el conserje que encontró las tres ratas.

Poco a poco, la sorpresa se convirtió en  miedo y ésta en pánico, cuando los pocos que advertían la grave situación comenzaron a morir como las ratas; pero, aun así, nadie hacía mucho. Cuando eso llega, apenas en las primeras treinta páginas, *Albert Camus*, se incorpora al relato para hacer las siguientes reflexiones:

«La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre piensa que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar».

«Nuestros conciudadanos, a este respecto, eran como todo el mundo; pensaban en ellos mismos; dicho de otro modo, eran humanidad: no creían en las plagas».

La gente se dice:

– ‘Esto no puede durar, es demasiado estúpido’.

“Pero esto no impide que dure”, – porque – “la estupidez insiste siempre”. En nuestro caso nadie creyó cuando el «líder del proceso» habló de socialismo, de lucha de clases ¿En pleno siglo XXI? Nos dijimos – «Esto no puede estar pasando, es demasiado estúpido», pero la primera de las primeras incautaciones de medios de comunicación se dieron – como las ratas – El Telégrafo fue arrancado de sus dueños y luego con el argumento de resarcir al pueblo se apoderaron de otros medios Gama y TC; acallaron a otros con juicios millonarios y algunos tuvieron que cerrar operaciones por la persecución…

A la primera empresa expropiada, pensamos – «Debe ser esa únicamente, porque es demasiado estúpido» y, de allí, han cerrado miles de empresas familiares, medianas y grandes con cientos de miles desempleados. Han pasado los años y pensamos: –»en el 2017 terminará esta pesadilla». Pero, terminará siempre y cuando los ecuatorianos entendamos que, este asunto de sacar al Ecuador del infierno en el que ha estado sumida, es responsabilidad absoluta de todos nosotros. Acabará cuando comprendamos que vivir en Democracia y ser ciudadanos de una Nación, es cosa muy seria. Seremos de nuevo un País, solamente cuando entendamos que no podemos continuar sentados en nuestras casas esperando al «Líder de la Oposición» para que nos saque del atolladero.

Los pueblos que hoy son libres y prósperos no tienen un líder, porque el «líder» de un País civilizado es su PUEBLO indignado, que un buen día decidió no aceptar más vejámenes y  salió a la calle sin miedo a apoyar a aquél que clamó a los cuatro vientos lo mismo que su corazón le increpaba. Podemos hacer que cambien las cosas. Si no lo hacemos este año, la estupidez continuará insistiendo hasta que el ciclo termine, pero con nosotros.

Cuando Ecuador le duela y le importe a cada ecuatoriano, entonces, seremos todos líderes y acabaremos con La Peste.

El nivel de interés acerca de esta excelente reflexión te indicará si debes o no compartirla con todos tus amigos”. 

screenshot

Brutal atropello al debido proceso

EO: En la Armada, mientras estaba latente el problema con el Presidente, fue evidente el antes y después de cómo reaccionó ante la presión de la tiranía del poder. 

El hito y punto decisivo fue el 31 de agosto antes y después de la acción de protección admitida por la Jueza Wolf en favor de Correa. A partir de este deleznable fallo jurídico, muchos superiores en la Armada habían entendido el mensaje del Presidente y de su Gobierno, – el que levanta la mano y tiene voz  de protesta en contra del Gobierno será aplastado, avasallado, vilipendiado y sepultado- . Luego de este fallo, considero que fui el vivo ejemplo de aquello. 

Y no solo que con un segundo consejo se cumplía la orden de Correa, sino más bien, muchos superiores se dieron cuenta que el poder de Alianza País y el oficialismo, a estas alturas era supremamente aplastante, por lo que prefirieron, congraciarse, no sólo con mi cabeza sino con otro tipo de acciones que definieron la tendencia oficialista dentro de FF.AA., poniendo en riesgo los ideales sustantivos de toda una Institución.

screenshot

Todos y cada uno de los argumentos que se presentarían, no solo en esta pírrica sanción, sino en la serie de sanciones que devinieron conforme pasaban los días. 

Buscaron hasta debajo de las piedras cuestiones para sancionarme, nada encontraron; empero, tanto las entrevistas dadas a los medios de comunicación y pequeñeces como salir uniformado al gate principal a recibir a mi abogado dieron pie para que el contralmirante Sánchez configure faltas para sancionarme.

Fueron cuatro largos meses de oficio tras oficio, instancia tras instancia, defensa y ataque, y demás acciones que agregaron valor a esta lucha, pues me di cuenta que la cobardía del mando para enfrentar la tiranía había mutado en mi persecución, arrastrándome a una especie de “guerra asimétrica legal”, en donde el mando se había consolidado, no para defender los intereses de la Armada frente a Correa y Patiño, sino para aunar esfuerzos con el fin de saturarme de días de arresto.

En todos aquellos procesos, sin entrar en detalles legales, el común denominador fue la violación del debido proceso, sumado a situaciones en que, inclusive, se denotó atentados a los derechos humanos. Llegaron al punto de no permitirme culminar la ruta de las tres instancias y en segunda instancia notificarme que cumpla con el arresto. 

El Comandante Luis Ordóñez supo que cometía una ilegalidad atentando contra mi libertad; y, con el firme propósito de no ahondar más en el tema, lo puse alerta indicándole que me faltaba una instancia más. En minutos recibiría el “anulado” del oficio de arresto. 

Aspectos cómo éste y las prescripciones, pues se olvidaron que el ente sancionador también debía cumplir con plazos y términos para notificar o emitir resoluciones. 

Inclusive, me fue observado, el uso del uniforme, más aún cuando la prensa seguía mi caso de cerca, por lo que todos y cada uno de mis actos se hicieron públicos, incomodando al mando sobremanera. 

Siempre buscaban la manera de sancionarme, ya que como soldado y dado que mi caso no era del ciudadano Edwin Ortega sino del capitán Edwin Ortega siempre hice uso del uniforme de manera impecable, en particular cuando asistía a las audiencias, a presentar las demandas, e; inclusive, en Washington cuando solicité medidas cautelares en la CIDH, lo que en menos de lo esperado, las notificaciones de sanción llegaban a mis manos.

Conocía mis derechos y lo que para ellos era considerado un tabú (hablar ante la prensa o asistir uniformado a organismos internacionales) para mí era algo normal, pues, jamás hablé demás o atenté contra las normas militares; todo lo que yo hacía, estaba estipulado en los reglamentos militares; otras cosas no, pero acudía a la costumbre como fuente del derecho, como el hecho de haber utilizado el uniforme en el extranjero sin ser acto oficial. 

El almirante Sánchez en lo que al debido proceso se refería, ya los documentos ni leía, ni lo que me enviaba ni lo que yo recibía, pues era consabido que lo único que quería era mi cabeza, no una vez sino las que fueran necesarias con tal de quedar bien y pagar el gran favor de haber sido ascendido al grado de contralmirante con el Decreto Ejecutivo de su amigo, el Presidente de ese entonces.

De todo lo que se ha señalado, ningún petitorio de sanción logró su cometido, el suboficial infante de marina Orlyn González, excelente estudiante de derecho y mi asistente personal en el comando del Batallón Guayaquil junto con mis conocimientos de derecho, formamos un excelente equipo para luchar contra la gran cantidad de sanciones que se desprendieron del problema con el Presidente Correa. 

Tanta fue la desesperación en sancionarme para aplacar mi moral y debilitar mi espíritu que, gran parte de las notificaciones me fueron entregadas en mis días de licencia o en el cumplimiento de mi arresto, es decir, en mi ausencia. Todo esto, pero a regañadientes, lograron entender los asesores jurídicos de Sánchez, desestimando todo intento de perjudicarme, pues razones no aceptaron hasta el último momento, en medio de un mar de subjetividad y miedo en el que se encontraban inmersos y en el que poco a poco se irían hundiendo aun más.

No puedo dejar de traer acotación las veces que los almirantes Sánchez y Vallejo me llamaban a sus despachos a pedirme que deje de hablar o que reconociera que de una u otra forma falté al respeto al Mandatario, que era mejor que me quede callado a seguir apareciendo en medios, y así la razón me asistiere, no era la receta más aplaudida del correísmo. 

Poco a poco me daría cuenta, no del miedo, sino del terror que ciertos oficiales generales y almirantes tenían al poder civil, en particular al ministro Patiño, y no se diga a Rafael Correa. 

Todas las decisiones giraban a mi alrededor. Videos, posts o tuits enviados estaban pendientes, si afectaba o no a las relaciones entre el Gobierno y la Armada. Más aún, cuando mi situación tomó más fuerzas con mis no pocos insistentes reclamos, lo que configuraría una lucha en la que no tendría el apoyo de ningún señor almirante dentro de la Institución. 

Era evidente que cuidaban sus cargos, mucho más cuando el presidente Correa cesó a más de diez almirantes en los últimos dos años de mandato.

screenshot

El secretario me mantiene informado 

EO: Por el afán de sancionarme, el consejo de disciplina obvió un detalle importantísimo, el secretario del consejo era mi compañero y amigo, el capitán Diego Echeverría. 

Diego siempre fue un caballero, conocido por su tranquilidad y don de gentes, honrado y ecuánime en sus decisiones. A pesar de su condición de puro militar, confiaba de que entendería todas las violaciones al debido proceso y por más que anhelen mi cabeza en bandeja de plata, había una luz que denotaba la razón de quienes aún no estaban cooptados por el correísmo. Definitivamente Diego, me puso al tanto de todo lo que ocurría al interior del Consejo. Coincidimos plenamente en cómo obraba cada uno de los miembros. Garzón, caracterizado por ser un odiador, mal administrador de recursos del Estado e hipócrita. Lo conocí como jefe de algunos cursos en la Escuela de Infantería de Marina, y fue un abusivo y disociador. Siempre hablaba mal, inclusive de sus alumnos. Supe, desde un inicio que él, inclusive, votaría para que me sancionen con la máxima pena, es decir con suspensión de funciones o con la salida de la Fuerza. Mal que lo diga yo, pero era un soldado frustrado, lleno de limitaciones, se fijaba mucho en lo que tenían las otras personas o lo que ellas habían alcanzado. De hecho cada que me veía, en esos días, me decía que todo iba a salir bien y que de una falta grave no pasaría. Nunca miraba a los ojos, era un ser humano pobre de espíritu y en esta ocasión no podía ser diferente. Por ello, no me admiró su posición y la cantidad de comentarios negativos que hacía, no solo debido a sus carentes conocimientos en derecho sino más bien por su testarudez y maldad evidenciables en todo momento. 

Los capitanes Jaramillo y Gómez fueron utilizados por quien conformó el consejo de disciplina, no sabían nada más allá de lo que había sucedido en el primer Consejo, fueron unos “alza manos” que dirimieron lo que Pimentel, Garzón y Mendieta fallaron. Fueron cómplices de todas las violaciones al debido proceso. 

La designación de Pimentel como jurídico y presidente del Consejo a la vez, la falta  de documentación, pues cuando la Jueza Wolf anula el primer Consejo, todos los documentos debían ser generados nuevamente, no obstante, nada de esto ocurrió, desde la Presidencia, el Ministerio de Defensa y la Comandancia General de Marina hicieron tabla raza del proceso, nunca enviaron las piezas procesales de juzgamiento y por ende se me sancionó sin los oficios de rigor. La falta había prescrito, pues habían transcurrido más de cien días desde que el Defensa motivó el proceso, además, hubo coacción para ejercer justicia, demostrándose con la acción de protección a favor del Presidente, cosa que ocurre para los más débiles y que han sido perjudicados por el Estado y no viceversa. 

Diego me supo indicar, y fue de las aseveraciones que más recuerdo, que en más de una ocasión el contralmirante Sánchez les había manifestado que debía de haber unas sanción ejemplarizadora, que eso era lo que quería el Presidente, además que es mejor sancionar lo más pronto posible antes de despertar la ira de la “bestia”. Esta frase no me parecía ni nueva ni desconocida, pues en las tantas veces que Sánchez me llamó a su despacho, cínicamente se refería al Presidente con este epíteto.

screenshotEl capitán Mendieta, un año más antiguo que yo, hasta estos días gozaba de mi confianza, no obstante recuerdo que siempre que se hablaba de Alianza País y del Gobierno, denotaba en su rostro malestar, además, siempre manifestaba que era un gobierno que había construido lo que nadie había hecho antes, con la típica aseveración de que nuestras carreteras son de primer orden y que hoy tenemos más hospitales como nunca antes. Tenía indicios de que Mendieta era correísta, más aún cuando de boca de él mismo estaba agradecido con la revolución porque hasta su esposa tuvo trabajo en el ECU 911; de ahí su cercanía a César Navas, ex Ministro Coordinador de Seguridad, ex marino que tuvo visión en las bondades que ofrecía el gobierno de la revolución a sus más leales colaboradores. Todas mis dudas respecto si Mendieta era o no correísta, se desvanecieron totalmente luego de que Diego me comentó cómo actuó dentro del Consejo. Tampoco me fue del todo extraño que haya actuado así, pues en la audiencia de juzgamiento supo manifestar que yo era reincidente en el cometimiento de dichas faltas, y que además lo que señalaba el Dr. Juan Vizueta no tenía asidero, pues el Dr. Zavala Egas, connotado jurista, en un documento que había elaborado respecto de mi caso, señalaba que yo sí estaba subordinado al Presidente Correa; en otras palabras, al contestarle en la misiva que “pare de mentir y que sancione la corrupción y que su moral está en entredicho” si atentaba contra la disciplina y demostraba violencia manifiesta, teniendo como agravante que nos encontrábamos en estado de excepción luego de lo acaecido en abril por el terremoto de Manabí. En resumen, el capitán Mendieta fue quien prácticamente elaboró la resolución, pues al parecer el comandante Pimentel adolecía de criterio y no disponía de tiempo como para ejercer sus funciones de asesor jurídico y ponerse a trabajar. 

Pimentel más fue el verdugo de cuatro barras. Un capitán de navío de dudosa reputación y que venía arrastrando algunos problemas tanto de orden penal, civil y militar. 

Yo no entiendo cómo la Armada pudo haberse rodeado de asesores legales de esta categoría, con un pobre profesionalismo y don de gentes venidos a menos. 

Pimentel solo se dedicó a fumar en la audiencia y a sudar a raudos, sabía que estaba obrando de mala fe y en contubernio con el mando, en especial con el vicealmirante Vallejo sus esfuerzos estaban encaminados a sacarme de la Armada. 

Los oficiales que conformaron el Consejo llegaron a esgrimir, según Diego, que mientras más publicaba mi abogado en redes sociales lo que ocurría dentro del Consejo, más drástica sería la sanción. 

Fue tan pobre la asistencia legal que comenzaban a mezclar las cosas personales y la objetividad se había perdido hace rato. 

Más valía lo que señalaban Sánchez o Vallejo que el análisis jurídico de un caso que a toda vista fue violado desde sus garantías básicas hasta la defensa y el debido proceso.

Pimentel cumplía una consigna 

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

EO: En este punto es importante señalar que las comunicaciones iban y venían, una vez que Correa desde Galápagos amenazó al almirante que daba órdenes a los consejos de disciplina. Fue el mensaje subliminal que todo el mando naval concibió como una orden expresa de montar este tribunal ad hoc para entregar mi cabeza en bandeja de plata al Gobierno. 

Ninguno de los almirantes y abogados tuvo la capacidad de discernir que no es que solamente me estaban sancionando, sino más bien, estaban forjando lo más preciado del patrimonio de la vida militar: su disciplina.

Conclusiones del Segundo Consejo de  Disciplina 

EO: No fue motivo de sorpresa cuando el capitán Carlos Pimentel, presidente del consejo de disciplina, pidió que yo fuera sancionado con “Separación del servicio activo por convenir al buen servicio…”. Un esbirro y con antecedentes que le impedían tener la calidad moral para sancionarme, se permitió hacer este petitorio, pues consabido era que, a como de lugar, debía ganarse a sus superiores para, al menos con la venia del mando, apalancar su pobre rendimiento como abogado militar. El mando encontró, en este individuo, su mejor verdugo y autor material de mi sanción.

screenshot

Todos quienes participaron en este espurio consejo de disciplina, saben que fueron herramientas de la tiranía, que cumplieron órdenes inconstitucionales y que sirvieron como burro pié de los revolucionarios que atentaron contra nuestra disciplina e institucionalidad. 

La historia los juzgará y en un futuro no muy lejano tendrán que enfrentar a una justicia imparcial y libre del hombre del maletín para rendir cuentas y pedir disculpas no a mí, sino a la Armada y al Ecuador por entregar la cabeza de un soldado que lo único que ha hecho es servir a su patria.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Deja un comentario