Seguir pensando que la corrupción es el cáncer de los países tercermundistas, permítanme decirles que hemos estado diametralmente equivocados.
Cuando Hillary Clinton se aseguraba con la victoria en las elecciones del 2016 en Estados Unidos de Norteamérica, súbitamente vimos como su contendor, el republicano Donald Trump, bajo el conocido método, de voto electoral, se llevaba la presidencia de la nación más poderosa del mundo sin más. Mientras tanto, la oposición y expertos en el ámbito electoral, han señalado que las victorias de Correa, tanto en las contiendas electorales, como en consultas y referéndums han obedecido a vicios en los padrones electorales, procedimientos y supuestos manejos dolosos del material electoral, incluyendo sistemas electrónicos.
La trama de corrupción y abusos de poder se han conocido a los dos años del mandato de Trump mientras que a los ecuatorianos, a sabiendas de lo que ocurría en nuestro país, nos costó casi una década, aceptarlo; en donde el actual presidente, ex coideario y vicepresidente, de la gestión de Rafael Correa, Lenín Moreno Garcés ha señalado acerca de los actos de corrupción de la década correista, demandando de todos los ecuatorianos una cirugía mayor.
Hoy por hoy, sus hombres más cercanos, han aceptado ante la Corte de Justicia que hicieron pagos ilegales (a prostitutas) cuestión que en inicio Trump negó y actualmente se contradice manifestando que “pudieron” haberse hecho esos pagos con su dinero. Y no sólo eso, la corruptela abarca a Rusia, pues el escándalo engloba el manejo de información por hackers rusos al servicio de Putin y que supuestamente beneficiaron a Trump según los demócratas cuando se develaron los correos electrónicos de Hillary Clinton, días previos a las elecciones. Mientras tanto, a los pocos meses de posesionado Moreno, su vicepresidente Jorge Glas era acusado por asociación ilícita en la trama de Odebretch. La Asamblea con mayoría oficialista le negó un juicio político, no obstante, fueron tantas las pruebas en su contra, que fue sentenciado a seis años de prisión. La relación cercana del gobierno de Correa en más de una década con el de Venezuela y Cuba, dejó entrever el posicionamiento del llamado socialismo del siglo XXI, mismo que aparejó el abuso y despilfarro de los fondos del sector público por quienes ocuparon cargos en los distintos periodos de su gobierno. De ahí que, la mayoría de sus colaboradores (de Correa) o están presos, prófugos, glosados o en la mira de la justicia común.
El “Impeachmet” o juicio político dependerá de las próximas elecciones en el mes de noviembre y logre mantener la mayoría republicana en el Congreso (Cámara Baja), que es el único ente que podrá cesarlo en sus funciones refiriéndome a Trump. Rafael Correa, con pruebas fehacientes, no solo por la trama de Odebretch, o por los papeles de Panamá, sino por sus innumerables decretos de emergencia y negociados petroleros, hubiera podido ser cesado y haber ido a prisión, no obstante ,siempre fue protegido por la Asamblea Nacional, la Fiscalía General del Estado y la Contraloría.
Michael Cohen, su ex abogado (de Trump) es quien ha aceptado ser culpable frente a un tribunal en New York, reconociendo que pagó el silencio de mujeres que habrían tenido relaciones extra maritales con Donald Trump. Al estilo Rafael Correa, Trump ha aceptado la realización de estos pagos, pero de su bolsillo y más no de fondos de campaña, atacando a su ex colaborador. Los ex fiscales generales, el tío de Correa y su ex asesor personal Baca Mancheno, no pudieron sostener más las acusaciones que se vertían en su contra, más sin embargo, fue protegido hasta los últimos meses de su mandato. Hoy por hoy, Correa sufre de súbita amnesia al señalar que no recuerda nada de los casos emblemáticos como el del secuestro de Fernando Balda o el del asesinato del general Jorge Gabela.
Paul Manafort, ex jefe de campaña de Trump ha sido declarado por la corte de Virginia del Este de ocho de dieciocho cargos que pesaban en su contra, la mayoría de ellos de fraude en el manejo de cuentas y estados financieros. Para Correa, su caballo de troya, es la Secretaría Nacional de Inteligencia, la misma que por cumplir con operaciones encubiertas al servicio directo de la Presidencia, fue envuelta en el secuestro del activista político Fernando Balda, siendo un agente de la policía quien aceptó haber recibido órdenes directas de Correa y financiado con fondos que provenía de la misma Presidencia. Sus ex colaboradores, de las carteras de Estado más controversiales y que forman parte de los escándalos más sonados del correato, han manifestado que Rafael Correa estaba al tanto de todo, y que él daba las órdenes directamente desde Carondelet, legalizadas por su secretario jurídico, hoy su abogado personal, Alexis Mera Giler.
A esto se suma, James Conney, ex director del FBI, quien dijo que Trump no tiene la capacidad moral para ocupar el cargo de presidente de los Estados Unidos, relatando en su libro los escándalos de contratación de prostitutas en Moscú en el 2013. El mismo New York Times indica que en el año anterior a las elecciones presidenciales, personal cercano a Trump mantenía contactos reiterados con agentes de la inteligencia rusa. Pablo Romero, ex jefe de la Senain, no ha acusado a Correa, sin embargo, es el mismo juicio planteado por Balda el que ha logrado a través de la acusación directa del Fiscal General Edwin Pérez quien logre que la jueza Camacho dictamine medidas cautelares y declararlo al ex presidente, ya, un prófugo de la justicia. De la moral de Correa se escribe a diario, por lo que es evidente que en el poder estuvo, un delincuente desquiciado, y no un estadista dirigiendo el destino de todos nosotros durante diez años.
Así mismo Trump ha vociferado a los medios de comunicación que los mercados se hundirían si él fuese destituido y el mundo estaría peor que antes. Correa, mantiene el activismo político a través de redes sociales criticando todas las actuaciones de su sucesor el presidente Lenín Moreno Garcés, mediante infamias y desinformando con todas las armas anti éticas de las que usualmente ha esgrimido. Para Correa es el «lawfare» el que ataca a los presidentes progresistas y antiimperialistas.
¡Trump y Correa resultaron ser lo mismo!
Cap. Edwin ORTEGA Sevilla
23 Agosto 2018

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