Cuando la corrupción campea, sumado al pésimo manejo administrativo y público en una nación, la migración forzada llega a cifras tan alarmantes que se hablan de cientos de miles. Es lo que ocurre actualmente con nuestros hermanos venezolanos que han dejado su país en la última década, debido a la dictadura disfrazada de democracia liderada por Nicolás Maduro y el socialismo del siglo XXI.
Se habla ya de un 95 % de devaluación de la moneda, el bolívar. Por lo que el gobierno venezolano ha tomado una de las decisiones más controversiales en materia monetaria, lanzar el «bolívar soberano». La nueva divisa le quitará cinco ceros a los billetes y monedas actuales.
Por ejemplo, y para tener una idea más clara, para poder comprar un pollo de dos kilos de peso se requieren 14 millones de bolívares. Con un salario básico de 0,89 dólares, es decir 3 millones de bolívares, se debería esperar cuatro meses para comprar ese pollo. Con el nuevo cambio el salario básico de los venezolanos pasaría a ser de 30 dólares, es decir de 180 millones de bolívares. Quitarle ceros a su moneda no implica que vaya a reducir la hiperinflación, lo único que lograría paliar es la falta de circulante en el mercado; pues la iliquidez es cada vez más persistente yendo de la mano de la ausencia de gobernabilidad y excesos burocráticos propios de una dictadura.
La pésima administración del Estado Venezolano ha generado una crisis humanitaria, comparable a la que viven países como Siria, Eritrea y Ruanda. De ahí que, autoridades colombianas han utilizado términos como “éxodo” o «refugiados en la región de las Américas” para conceptualizar lo que ocurre con los venezolanos.
La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) calcula que casi 550.000 venezolanos han entrado a Ecuador desde principios de este año. Muchos llegan en condiciones elementales y básicas. La organización estima que solo el 20% de los que llegan se quedan en suelo ecuatoriano, mientras que los otros continúan hacia Perú y Chile. Se desconoce oficialmente cuántos venezolanos se encuentran en el Ecuador, sin embargo se estiman ya cifras que bordean los 80 mil.
Hay sectores como las cámaras de industrias y de comercio que proponen soluciones de carácter productivo para toda esta masa migratoria, en particular, aprovechar la mano de obra en centros industriales o “clusters”; no obstante, por una parte se explotan ventajas de carácter cultural y social; al ser Venezuela un país con las mismas raíces antropológicas y de historia; pero así mismo, la crisis humanitaria trae aparejado a una sociedad que ha sufrido la escasez y corrupción. En otras palabras, aparecen desventajas como el alto índice de violencia, pues esta misma masa al dejar una nación donde no pudo luchar contra un gobierno dictatorial, muchos de ellos son capaces de esgrimir los mismos métodos, ilegales por cierto, para conseguir su sostén y el de su entorno.
Habrá que maximizar las potencialidades de esta masa humana nómada, que de retórica ha pasado a ser una realidad en nuestro país y la región.
La exigencia de pasaporte como documento restrictivo para permanecer en el Ecuador y el Perú complica aún más el panorama, pues se tendrá que estandarizar el trato para aquellos que ingresen con cédula y sin pasaporte o sin ningún documento. Es evidente que, al tener el trato de refugiados, las políticas de Estado tendrán que dictarse de tal manera, que vayan alineados a los convenios de Ginebra y los capítulos que enmarcan para estos efectos la Organización de las Naciones Unidas.
Para las Fuerzas Armadas y Policía Nacional, administrados por las carteras de Defensa y de Gobierno respectivamente, es inminente establecer y ejecutar un plan de fronteras; mismo que deberá guardar armonía con las políticas en materia aduanera y de movilidad humana. El problema deberá ser resuelto al más alto nivel, en el que se complementen de manera interdisciplinaria los ministerios que velan por la seguridad externa e interna y aquellos relacionados con los derechos humanos y de economía y bienestar social.
Los hermanos venezolanos, queramos o no, merecen una oportunidad dentro de nuestras fronteras, un trato digno y sobre todo urgentes decisiones del gobierno del presidente Lenín Moreno. No basta que los uniformados controlen, basta que los uniformados y autoridades prevengan y estructuren escenarios con varias soluciones. Los planes deben ser para ayer y ejecutables, simples y controlables.
Fuerza hermanos venezolanos, ustedes vienen por un futuro mejor, y si colaboran haremos del Ecuador, su sueño americano; en donde todos, saldremos ganando.

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