Tal cual la novela de Thomas Harris “The silente of the lambs” de 1988, miles de uniformados recurrimos a un silencio casi sepulcral, sopena que nos encontremos bajo presión o nos toque decir la verdad en un consejo de disciplina. Más aún cuando Hannibal Lecter personificado por Rafael Correa en la vida real, tal cómo José Hernández en su portal «4 pelagatos» supo decir hace dos años que “probar a los militares prueba la miseria política del correísmo”.

En esta ocasión, lo indignante, a viva voz, es que los jefes militares liderados por un Jefe del Comando Conjunto que está a punto de cumplir con su tiempo reglamentario en su cargo, no haga eco del baño de verdad que la mayoría de instituciones están haciéndolo casa adentro, luego de que el gobierno del presidente Lenín Moreno declaró al otro día de su posesión, la cirugía mayor a la corrupción.

En las Fuerzas Armadas no pasa nada, más allá de que el Ministro de Defensa, el experimentado general Oswaldo Jarrín, haya informado a la opinión pública desde Esmeraldas en julio pasado de que la SENAIN, Secretaría Nacional de Inteligencia, dejaría de existir pasando a órdenes de esa cartera como un departamento de alto nivel estratégico; además de que estaría renovándose el Plan Nacional de Seguridad Integral. 

No obstante, luego del mediocre accionar del mando naval en los aciagos primeros meses de este año en la crisis en la frontera norte cuando se evidenció la violencia con las disidencias lideradas por alias “Guacho” cuyo efecto deseado fue la destrucción total del cuartel de policía en San Lorenzo, parte del destacamento naval de Borbón, tres periodistas, cuatro infantes de marina y una pareja de civiles asesinados, las decisiones de Jarrín dejan entrever que sigue la coyuntura y que curarse en sano es seguir adelante con el silencio de los inocentes sin cesar a un mando que más que soluciones ha dado dolores de cabeza. 

Las cifras están a la vista; y no conformes con estos resultados, el mando obsecuente sigue campante y tan fresco como una lechuga. Señor Ministro de Defensa, es hora de tomar al toro por sus cuernos y como nos recuerda Hannibal Lecter en esta novela de terror, la única forma de que él colabore, es que el mando se vaya a la casa, y que cedan a sus pretensiones. Ya no hay la presión de un Rafael Correa, por ende, las pretensiones se convierten en la demanda de toda una nación que exige justicia, no solo por la sangre derramada de nuestros compatriotas que cumplían con su labor en una zona saturada de amenazas y riesgos; sino porque el honor debe ser nuevamente el raudo caudal que recorra por cada una de las unidades militares, en donde esa palabra nuevamente se nutra de los principios y valores de cada militar comenzando por el ejemplo de quienes comandan las tropas.

Que el desenlace no sea nuevamente la sumisión al poder y el silencio se apodere de los cuarteles como si nada hubiera pasado. Es hora que nuevas generaciones de generales y almirantes no se ciñan a las cifras de encuestas que dicen que Fuerzas Armadas goza con el más del 70 % de aceptación y en la sociedad; y que sean sinceros y reconozcan que este puntaje es ajeno al capital deficitario que hemos cultivado desde la revolución ciudadana. Aquel porcentaje es aún la herencia de una victoria en el Cenepa y el trabajo silencioso de miles de hombres que, por la complejidad del sistema, no les ha quedado otra alternativa que seguir trabajando al margen de las burdas decisiones y del mediocre actuar de sus jefes.

Aspiro como el que más, que de una vez por todas, este silencio casi sepulcral, este mutismo cual escudo de batalla que ha esgrimido la cúpula militar, se deje para los políticos y su demagogia, los soldados estamos para fines ulteriores eternos; y la patria, es eterna, la institucionalidad es eterna.

Esperemos que el desenlace sea ver nuevamente a unas gloriosas Fuerzas Armadas radiantes, en donde no haya un solo lugar en el que un nuevo Hannibal Lecter “CORREA” logre atentar contra sus principios y que quienes detenten el bastón de mando sean el portavoz de las reales necesidades en defensa y del bienestar de la oficialidad y tropa.

 

Capitán Edwin Ortega Sevilla

20 Agosto 2018

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