El olor era insoportable. El suboficial que se encontraba en su ronda en el muelle vino con la buena nueva.-Mi Capitán, otro ajuste de cuentas.
-¿Qué quiere decir con eso mi Sub1?- replicaba con menor extrañeza, pues ya eran cinco los cadáveres que en los últimos días se habían encontrado en la parroquia General Farfán. Nadie sabía ni por qué tenía este nombre ni de dónde provenía, aparentemente Farfán era el apellido de un líder guerrillero del país vecino del norte.
En efecto, la vida se había convertido en un guiñapo de recuerdos que valían muy poco en aquella zona fronteriza. El suboficial indicó que el cadáver fue hallado a treinta minutos en una pica que tenía salida al río San Miguel, cerca de la Balastera, caserío en donde habían muerto algunas personas desde que la narco guerrilla y los paramilitares luchaban por la hegemonía de la zona con la presencia de sus informantes, emisarios y aquellos que operaban en el canal de distribución de precursores, droga y armamento bien establecidos.
-La vida ha perdido su verdadero valor en este lugar- me decía el Suboficial, mientras daba un vistazo a nuestro alrededor.
Todo el mundo estaba pendiente de nuestro diálogo que en conseguir un féretro digno para aquel infortunado ser humano. La fetidez de los olores producto de la descomposición hacía prever que el cuerpo tenía en ese lugar algunas horas, quizá días. Sus familiares apenas habían conseguido sábanas viejas para cubrir el cadáver. El tiro había ingresado por la parte baja de la nuca, fueron perdigones que destrozaron la masa encefálica y que, habiendo logrado su cometido, salieron despedidos al ambiente en franca libertad. El cambio de sábanas era frecuente, el cuadro dantesco llegó a desentonar con la inocente presencia de varios niños jugando a sus pies.
-La transgresión de valores no es de ahora mi Sub –decía con asombro y angustia- ,mire estos pelados en su dulce inocencia como desconocen que ese ser inerte fue alguien como ellos, que también alguna vez corrió, soñó y luchó por sus ideales, más allá del motivo del fin de sus días es un ser humano que merece cristiana sepultura.
-Pero dígame usted, ¿qué podemos hacer mi Capitán?
Era notorio el semblante de asco, desesperación e impotencia que el Suboficial y yo comenzamos a sentir. La decadencia humana estaba presente, no podíamos someternos al asombro cuando no solamente los niños eran inocentes testigos del horror de la muerte. Lo acompañaba un caballero de tez blanca y ojos verdes. Tenía un tatuaje en el borde de su mano derecha que decía “hasta la muerte por la revolución”. Además de fumar copiosamente, a sus pies, una caja de cervezas, la mayoría consumidas. Él sí tenía derecho a refrescarse en medio de los cuarenta grados de temperatura que azotaban aquellas mañanas al oriente ecuatoriano, mientras el difunto se descomponía cada vez más.
-La vida aquí dejó de ser lo que era- señalaba como si el mes de comisión implicaran años de experiencia en la frontera.
A pesar de esto, los meses de servicio en esta zona, los patrullajes y las operaciones “Limpieza” en las riveras del Putumayo, denotaban que cualquier soldado sensible podría dar testimonio de lo que realmente sucedía en aquellas lejanas y agrestes tierras ecuatorianas.
1 Nombre corto con el que se identifica a loa Suboficiales en la jerarquía militar-Además mi Capitán, usted debe considerar que Farfán es un pueblo cuya población en su gran mayoría es colombiana: lazos familiares, moneda, telefonía y costumbres.
Las aseveraciones que el viejo infante de marina agregaba eran conocidas por todos los estratos de la sociedad, en especial aquellos en cuyos hombros estaba el peso de las decisiones que afectarían a todos los protagonistas de su historia, presente y futuro.
El ambiente cada vez era más tenso. Iban y venían motos por una de las cuatro calles que tenía Farfán. Todos jóvenes menores de veinte años, siempre embarcados de a dos y analizando cada paso de quienes estaban fuera de la casa acompañando al cadáver. Cuando moría alguien en forma tan violenta, en este caso, supuestamente se le atrevía el móvil a un ajuste de cuentas, sus asesinos mismos se encargaban de dar a conocer el lugar en donde podían retirar el cuerpo. Esto con el fin de no solamente dar a conocer del deceso, sino también para enviar un mensaje disuasivo a todos quienes se encontraban dando información de los actos al margen de la ley: los soplones, a quienes colaboraban con el bando contrario y para aquellos que durante la distribución de los precursores en la producción de la droga y en su proceso se haya dado un mal reparto. Podían ser muchos móviles más, lo cierto era que, la economía de la gran mayoría de la población dependía de los actos delictivos: contrabando de combustible y gas, siembra, mantenimiento y cosecha de la hoja de coca: raspachines, lo que hacía caldo de cultivo para sicariatos, ajustes de cuentas, eliminaciones selectivas, secuestros, extorsiones, etcétera.
-Mi sub, verifique si los familiares requieren alguna ayuda por parte de la Fuerza Pública –hacía énfasis por el apremio de lo que estaba pasando.
-Mi Capitán- decía con el rostro entumecido debido al olor del cadáver y por la presencia masiva de las moscas- no hay otra alternativa que enterrarlo en una fosa común, autoríceme hablar con los familiares y asesorarles en ese sentido.
En estos momentos de doloroso impacto familiar, no me quedaba otra opción que tratar de dar una mano amiga a aquellas personas que, independientemente de su procedencia, no tenían recursos para transportar el cuerpo al anfiteatro de Nueva Loja2. Me acababa de enterar en esos instantes que el cuerpo no había sido, siquiera, hecho la autopsia de ley. Recordaba que los egipcios ya desde la época antigua de la humanidad echaban cal, especias y barro del Nilo a sus muertos para evitar la rápida descomposición. Luego aprenderían las técnicas para embalsamarlos. No obstante en pleno siglo XXI y los muertos en las zonas fronterizas violentas no eran tratados como se merecían hasta su último minuto antes de ser enterrados.
El suboficial terminaba de hablar con los familiares y como milagro Divino traían en una canoa, desde el lado colombiano, la caja de madera para el cuerpo. El hoy occiso había estado en calidad de refugiado3 desde hacía dos años, sin embargo sus familiares indicaban que vivía en Farfán desde que nació, contradicciones éstas en gran parte por lo “torcido4” de su proceder, además del afán de dar información, en especial a los uniformados, errada o alejada de la realidad
2 Capital de la Provincia de Sucumbíos, más conocida como Lago Agrio.
3 Status en la que se encuentran aproximadamente miles de colombianos refugiados debido al conflicto interno
en el cual está sumido desde hace cincuenta años. ACNUR (Alto Comisionado para las Naciones Unidas para los Refugiados)
4 Término utilizado en aquella zona para indicar que una persona se encuentra en actividades al margen de
la ley.Se agregaba al diálogo que, era secreto a voces en la zona, el Comandante de la Policía local.
-confirme capitán, ¿cómo va la cosa?- decía el teniente con la ignorancia propia de alguien que no quería entrometerse en los problemas de su jurisdicción o que tal vez sus subalternos no le dieron parte de su negligencia al no estar presentes en el levantamiento del cadáver.
El teniente de la policía con un semblante más de confianza que de relación uniformado con uniformado se sinceró -Mire mi capitán, nosotros los gendarmes, en sectores fronterizos y en especial los violentos evitamos confrontar a la sociedad.
No entendía su comentario, sin embargo sacó un cigarrillo y continuó.-Aquí en Farfán como en la cadena de pueblos en los cuales la subsistencia se basa en actos al margen de la ley, el orden público y en especial los valores se ven trastocados por el accionar diario de estos delitos. Usted se podrá haber dado cuenta que cuando ocurre un asesinato nadie, pero nadie, conoce o dice saber algo. Aquí mi capitán –mientras señalaba el cadáver- los familiares se rehusaron a que lo llevemos a Lago Agrio, para los trámites de ley, y peor para la autopsia, y ¡mire! -estaba más exaltado- nos salen con que no tienen recursos y que prefieren velarlo al pie de la casa, con el cadáver descomponiéndose en medio del ir y venir de los niños que ignoran al mundo al que paulatinamente los adultos los están llevando, al mundo de la insensibilidad, al mundo de la impunidad, a la muerte.
Al capitán, sí le afectaba lo que presenciaba en su diaria gestión. Era un policía digno y sensible que trataba de cumplir su labor en base a principios y sobre todo considerando que definitivamente él no sería quien cambie de la noche a la mañana años de corrupción y problemas sociales.
-Años atrás, dos policías entraron en el billar que se observa a lo lejos por la esquina izquierda – indicaba el policía mientras con el rabo del ojo señalaba disimuladamente tal billar-. Cumplieron con los procedimientos durante el registro. A pesar de su profesionalismo, cada uno recibió cinco impactos de bala, calibre 9 mm. Nunca se dieron cuenta de que el billar estaba infestado de guerros5. Fueron dos jóvenes de diecisiete años quienes, aprovechando la penumbra del tugurio, desenfundaron su Taurus y casi a quemarropa vaciaron toda la alimentadora en su humanidad. Pensaba para mis adentros cómo era posible, dos policías recién dados el pase a la frontera, padres de familia y seres humanos con sueños y anhelos hayan partido tan prematuramente en el cumplimiento de su deber.
-¡Insisto mi Capitán la vida vale poco acá! -recalcaba el suboficial dando a entender que ya fue suficiente con las casi dos horas que aguantamos en la escena, las fosas nasales no podían resistir más el fétido ambiente y los pulmones no permitían más el seguir respirando aire contaminado.
-Cuando fuimos a retirarlos usted qué cree mi capitán –decía el joven oficial de la policía mientras acariciaba las dos pistolas entrecruzadas, símbolo de los elementos del orden- todo el pueblo había formado un cerco de seguridad que impidió que logremos alcanzar a los asesinos, además no quedó nadie en la escena del crimen. Había dos policías tendidos en la calzada, aún con signos vitales y nadie, pero absolutamente nadie ofreciendo su ayuda.
Los actos que se conocían en la frontera colombo-ecuatoriana no dejaban de ser un secreto a voces, la gran mayoría de instituciones conocía de la problemática social, no obstante, haber sido
5 Se refiere a los guerrilleros colombianos que como Pedro en su Casa, entran al país sea como refugiados o en tránsito, descansar y a cumplir con la logística de las columnas que operan en el sector.
testigos de la muerte de compañeros de armas, generaba en aquellos policías algo más que afrontar un problema social: estaban amarrados de pies y manos en el cumplimiento de su deber y nadie podía hacer nada por ellos. De las diferentes tareas de la Policía Nacional, entre otras, control de indocumentados, delincuencia común, tránsito, policía judicial, antinarcóticos, control de armas, secuestros; en la frontera ninguna era cumplida a cabalidad.
-No tenemos respaldo de las leyes -señalaba el teniente que, a más de ser oficial de la Policía Nacional, ostentaba el título de abogado en leyes de la república-. Nuestro accionar se ve limitado cada vez más por los derechos humanos y por la ingente cantidad de abogados corruptos que trabajan con narcotraficantes y grupos al margen de la ley. El ingreso de indocumentados no sólo se da por las principales vías de acceso como el puente sobre el Río San Miguel, sino también por la Balastrera, Puerto Mestanza, canales aledaños a los ríos Conejo, Ají, Opuno y demás afluentes. Déjeme decirle mi Capitán que esto es ¡tierra de nadie!
La impotencia que denotaban el oficial y los dos sargentos que lo secundaban –no estábamos solos del todo- me hacían ver el difícil cumplimiento de la frase “servicio a la Patria” y cómo poco a poco se iba convirtiendo en una quimera, en el eterno sueño de los inocentes.
-Observe mi Capitán, fíjese en la cantidad de motos que hay en este pueblo, ningún piloto tiene casco y dígame usted qué moto tiene placas. No sólo aquello. Las normas vigentes permiten cada cierto tiempo adquirir una bombona de gas por cada grupo familiar, pero podemos observar que cada grupo a la hora de retirarla se divide en subgrupos y retiran más de una, juntan en lugares clandestinos, las reúnen y las llevan al lado colombiano siendo expendidas al doble o triple de su precio original. El contrabando de gas fue enmascarado por el consumo doméstico y así gran parte de esas bombonas son utilizadas en la producción, procesamiento y refinamiento de la droga.
Las Fuerza Pública estaba atada de manos, las leyes no garantizaban el proceder con firmeza y menos aún la vida de soldados y policías que lo único que hacían era velar por la integridad nacional. El problema interno colombiano se había convertido en una metástasis que traía implicancias más profundas de las previstas. La situación social se agravaba cada vez más, daba la impresión de no estar en una ciudad con ordenamientos y leyes; más bien la impresión era que el servicio a la Patria se lo hacía en pueblos “fantasmas” en los cuales habitaban no sólo los cómplices, encubridores y autores de un problema de índole supra social, sino también los refugiados de un conflicto que nadie podía decir que ya no nos pertenecía o del cual aún no éramos parte.
El suboficial Acosta logró gestionar el féretro para el ex miliciano. Los presentes que aducían ser familiares –ninguno llevaba consigo la contraseña6, o cédula ecuatoriana, mucho menos carnet de refugiados- del occiso, quienes aun estaban en sano juicio rogaban a las autoridades ayuden para disponer un lugar en una fosa común.
-¿Fosa común? -repliqué con admiración- pero ¿fosa común?, ¿acaso estábamos en guerra?, o quizá se referían a un lugar en el cementerio.
-Al cementerio le llaman fosa común mi Capitán –señalaba uno de los policías.
6 Identificación de los ciudadanos colombianos
En efecto, ninguna tumba de los extranjeros llevaba lápida o algún indicativo de que pertenecía a alguien. Las pocas tumbas decentes, apenas reconocibles, eran de aquellos cuya muerte no era producto de delito alguno, el resto pasaban desapercibidas.
Quizá Farfán desde siempre fue así, jóvenes irreverentes que se habían criado en medio de la violencia, muchos de nacionalidad colombiana. Cuando el conflicto cobró mayor relevancia, especialmente entre las FARC, AUC y FF.MM colombianas en la década de los noventa, muchos de aquellos jóvenes no nacían y otros, aún, estaban en el vientre de sus madres. Muchos vendrían de hogares disfuncionales, en donde el denominador común era el resentimiento y el afán de venganza –si podemos hablar de sentimientos- debido a la muerte de alguien de la familia, haya sido asesinado por la guerrilla, sea por los paramilitares o por las Fuerzas del Orden. Se había tornado en un conflicto general que a veces ni la misma población sabía cuál bando era de los “buenos” o cuál bando era de los “malos”. Aquellos niños hoy tenían ya su mayoría de edad –
¿qué podíamos esperar de ellos?-.
El suboficial y yo nos retirábamos sigilosamente de la infausta escena. Los policías desprendidamente y sin pecar de desleales habían expuesto el por qué de su actitud laboral en este pueblo, no era para menos pues, tratar de cambiar el mundo a costa de la propia vida y sin el compromiso de la ciudadanía para erradicar el Mal, se convertía en una misión casi imposible. Remar contra corriente, cuando ni el mismo pueblo anhelaba dejarse ayudar, implicaba para quienes militábamos en la zona en un compromiso incierto y lleno de no muy gratas experiencias.
-Mi comando- decía ya con la mano en señal de despedida el joven gendarme –no se olvide de apoyarnos en el momento de presentarse alguna emergencia.
-Con gusto lo haré camarada uniformado –repliqué.
Luego de la aplicación del Plan Colombia, la recuperación de la zona de retaguardia en San Vicente del Caguán7 y las decisiones globales a partir del 11 de Septiembre del 2001, las FARC paulatinamente comenzaron a disminuir en forma considerable en su actitud ofensiva. Además su status de grupo narcoterrorista dado por Colombia, Estados Unidos y algunos países europeos, le había traído consecuencias importantes, en especial, aquellas que gravitaban dentro de la población civil.
Seguramente lo confesado aquella calurosa mañana oriental por los compañeros policías era el común denominador de lo que se palpaba en los pueblos que acogieron a los “refugiados” producto del conflicto interno que se vivía en Colombia. La realidad no era ajena a nadie, pueblos desesperados que vieron la posibilidad de obtener más réditos participando en negocios ilícitos que esperando la ayuda del gobierno en programas y proyectos que los impulsaría hacia días mejores. No sólo la educación era la gran ausente, los valores familiares se habían trastocado en medio de la violencia. Era raro ver una familia unida pasear un domingo por la tarde, es más, la población flotante tenía sus más altos índices en Farfán. Los hombres estaban en el “campo” trabajando a doble jornada para llevar a sus hogares el pan de cada día, los rostros que se …
7 Zona de aproximadamente 30 mil Km², casi del tamaño de Suiza, durante el gobierno de Andrés Pastrana en 1996 fue entregada a las FARC.
….tornaban comunes eran los de niños y mujeres, los varones en su gran mayoría eran ajenos al trajín familiar que las mujeres llevaban día a día, noche tras noche.
En medio de las nubes oscuras que azotaban a Farfán, siempre había una luz de esperanza y ella se matizaba con el trabajo que el Estado venía realizando en pro de su población. No cabía la menor duda del esfuerzo de instituciones gubernamentales y no gubernamentales. No obstante, el problema se había convertido en un fenómeno de proporciones inimaginables.
El ambiente se mostraba calmo en la Punta. Sin embargo las detonaciones a los lejos no se hicieron esperar. –Es un bombardeo mi comando- agregaba el sargento Pizarro. Su semblante parco y de pocos amigos hacía que más que un comentario, su apreciación se convirtiera posteriormente en el vaticinio de uno de los eventos más trágicos y a la vez trascendentes de la historia reciente de las relaciones fronterizas entre Ecuador y Colombia.
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